La contradicción de Trump sobre las intervenciones de Estados Unidos en otros países: esto decía hace meses
Donald Trump combinó durante años un discurso contra las "guerras eternas" de Estados Unidos con mensajes de apoyo expreso a cambios de régimen en países como Irak, Libia, Venezuela o, ahora, Irán. Sus recientes acciones sobre Venezuela y las protestas iraníes chocan frontalmente con su promesa de poner fin a las intervenciones militares en el extranjero.
Madrid |
El presidente Donald Trump generó controversia al respaldar abiertamente las protestas contra el régimen iraní, donde miles de manifestantes desafiaron la represión de los ayatolás que, según fuentes, dejó hasta 3.000 muertos. En su red social predilecta, Trump instó a los disidentes a "persistir" y anotar los nombres de los represores porque "pagarán un alto precio", cerrando con un mensaje explícito: "La ayuda está en marcha".
De denunciar las "guerras eternas" a abrir la puerta a Irán
Como candidato y como presidente, Trump hizo de la crítica a las intervenciones militares de Estados Unidos uno de los ejes de su discurso en política exterior, prometiendo que "las grandes naciones no luchan guerras eternas" y que pondría fin a las campañas abiertas en Oriente Medio. En reiteradas ocasiones sostuvo que la invasión de Irak fue "un desastre" y aseguró que él se había opuesto desde el principio, pese a que registros de entrevistas muestran apoyos tibios y cambios de posición con el tiempo.
Ese relato contra las "endless wars" le sirvió para presentarse como un líder dispuesto a retirar tropas y a abandonar la política de cambio de régimen que atribuye a las élites "globalistas" de Washington. Sin embargo, los últimos movimientos de su Administración ante la represión de las protestas en Irán apuntan en la dirección opuesta, con señales cada vez más claras de que contempla algún tipo de intervención estadounidense en el país.
El mensaje de esperanza a los iraníes
En plena ola de manifestaciones contra el régimen de los ayatolás, Trump llamó a los manifestantes iraníes a "seguir protestando" y "tomar el control de las instituciones", mientras les pedía que guardaran los nombres de "los asesinos y abusadores". En ese mismo mensaje anunció la cancelación de todos los contactos con representantes iraníes "hasta que cesen los asesinatos sin sentido" y cerró con su promesa de ayuda al pueblo iraní.
La formulación fue interpretada como un aviso de que la Casa Blanca estudia opciones que van más allá de la presión diplomática, incluidas posibles acciones militares contra la cúpula iraní o sus instalaciones estratégicas. Trump convocó a su gabinete de Seguridad Nacional para evaluar la situación y el catálogo de opciones militares, mientras los mercados reaccionaron con subidas del precio del petróleo ante el temor a una escalada en el Golfo.
De Irak y Libia a Venezuela: el historial de giros
La aparente contradicción no es nueva en el historial del presidente republicano. Sobre Irak, Trump defiende hoy que fue uno de los primeros en advertir de que la invasión "desestabilizaría totalmente Oriente Medio", pero archivos reflejan que en 2002 expresó apoyo antes de virar a una postura crítica a partir de 2004.
Algo similar ocurrió con Libia: años después de avalar una intervención contra Gadafi, negó haberla defendido.
Más recientemente, su promesa de acabar con las "guerras eternas" convivió con decisiones como ataques en Siria, golpes contra objetivos iraníes o la captura de Nicolás Maduro en Venezuela, un ejemplo de intervención directa que contradice su retórica antiintervencionista.
El choque entre la retórica "antibelicista" y la práctica
Analistas subrayan que la clave reside en cómo define Trump lo que es una "guerra eterna": mientras denuncia grandes despliegues de tropas, se muestra dispuesto a ataques aéreos, operaciones encubiertas o apoyo a opositores si percibe una oportunidad para derribar gobiernos hostiles.
En Irán, sus mensajes a los manifestantes y el "Help is on its way" dibujan un escenario donde Washington se posiciona como actor directo en una posible transición interna. Todo ello mientras Trump reivindica evitar aventuras militares prolongadas, una tensión que alimenta el debate sobre si su política exterior rompió realmente con el intervencionismo o solo lo reconfiguró.