El caso Epstein deja a Starmer al borde del abismo: por qué piden que dimita como primer ministro
La dimisión de su jefe de gabinete ha dejado a Starmer una posición vulnerable. Lo analiza en La Brújula el experto en relaciones internacionales, Pedro Rodríguez.
Madrid |
El caso Epstein ha colocado al primer ministro británico, Keir Starmer, al borde del abismo. Las presiones para que dimita se multiplican tras la dimisión de su jefe de gabinete y del director de comunicación de Downing Street, y después de que el líder del Partido Laborista en Escocia, Anas Sarwar, haya pedido abiertamente su salida.
La polémica surgió por el nombramiento de Peter Mandelson como embajador del Reino Unido en Estados Unidos. Mandelson se vio obligado a dimitir tras salir a la luz sus vínculos con Jeffrey Epstein. Morgan McSweeney, jefe de gabinete de Starmer, presentó su dimisión por recomendar la figura del embajador.
El primer ministro trata de contener la hemorragia interna y su prioridad es evitar una moción de confianza dentro de su propio partido. Para ello, ha convocado una reunión a puerta cerrada con los diputados laboristas, a los que ha pedido tiempo para gestionar lo que ya es considerado el peor escándalo de su Gobierno desde que llegó al poder en 2024.
Desplome del Partido Laborista en las encuestas
A las puertas de elecciones en mayo, entre ellas las del Parlamento de Escocia, donde el Partido Laborista ha pasado del primer puesto al tercero en las encuestas. Este desplome explica, en parte, la contundencia de Anas Sarwar, que ha reclamado la dimisión de Starmer al considerar que el caso Epstein está lastrando gravemente al partido.
De momento, los pesos pesados del gabinete siguen cerrando filas en torno al primer ministro, pero la presión no deja de crecer y su futuro político es cada vez más incierto. Para muchos dirigentes y analistas, esta polémica es la gota que colma el vaso de un liderazgo que, pese a la holgada mayoría absoluta, no ha logrado consolidarse ni frenar el ascenso del populismo de derechas.
Starmer llegó a Downing Street con la promesa de devolver la ética y la seriedad a la política británica tras los escándalos de la era Boris Johnson. Sin embargo, el caso Epstein ha golpeado directamente. El propio primer ministro ha llegado a lamentar públicamente haber creído las explicaciones de Mandelson y ha pedido "perdón sincero" a los británicos, aunque está por ver si ese gesto será suficiente para salvarle.
El caso amenaza con devorar a Starmer, elegido precisamente como un político "de proceso y no de convicción", llamado a respetar las reglas y a alejarse de la corrupción. La caída de figuras de primer nivel, incluido un miembro de la familia real británica como el príncipe Andrés, refuerza la idea de que las consecuencias políticas pueden no haberse agotado.
Pese a todo, Starmer ha asegurado este lunes que no está "dispuesto" a dimitir como primer ministro, a pesar de las crecientes presiones internas. La pregunta ahora es si el Partido Laborista le concederá el tiempo que pide o si el caso Epstein acabará precipitando su salida.