El vino de Valdepeñas renueva su mirada apostando por lo autóctono y nuevos perfiles de consumo
La nueva dirección de la DO Valdepeñas, con casi un siglo de historia, quiere mostrar las virtudes y amplitud de sus vinos apostando por las variedades autóctonas, la innovación en los métodos de vinificación y la oportunidad que supone el enoturismo para la región.
Madrid |
Durante generaciones, el vino ha sido una parte elemental en las mesas de cada casa y restaurante de nuestro país. "¿Dónde se ha visto comer sin pan y vino?", exclamaba Karlos Arguiñano en una de sus escenas de la película Airbag, y esa tradición de acompañar cada comida con una copa de vino está íntimamente ligada a la DO Valdepeñas, a la que apenas le quedan unos años para cumplir el siglo de vida, siendo una de las más veteranas de España.
Un camino hacia la centuria encabezado por una renovada gestión al cargo de Cristina Nieto como directora y Juan Antonio Guillermosa en calidad de gerente de la DO, quienes se han propuesto "demostrar todo el potencial que tiene Valdepeñas y todas esas caras de sus vinos". Una voluntad en la que la longevidad de este sello distintivo resulta un factor relevante, pues "la calidad de Valdepeñas siempre ha sido buena porque fuimos una de las primeras DO, con lo que se aseguraba que tenías un control de la zona de la producción y de la calidad, que siempre ha sido estandarizada", explica la directora, enóloga y quinta generación de bodegueros de Moral de Calatrava, uno de los pueblos más destacados en este ámbito de la región.
"El vino es esencial en la zona", señala sobre la relevancia del sector vitivinícola como factor económico, "si hay una mala cosecha, la gente no compra coches, no cambia el tractor, no hace obras en casa…". Por ello, la DO Valdepeñas, conformada por 12 bodegas, está fomentando un cambio cultural en la producción de vino, adaptándose a los nuevos perfiles de consumo y las actividades relacionadas como el enoturismo.
Apuesta por lo autóctono y la innovación
Un objetivo que cuenta con una mirada al pasado como guía hacia el futuro, apostando por las variedades autóctonas como airén o tempranillo, "que se adaptan mejor al terreno y a las temperaturas" y que, en algunos casos, habían dejado su espacio a otras más habituales en territorios más al norte como la sauvignon o la chardonnay. Una actitud que también se refiere a los métodos de cultivo, como la recuperación del sistema en vaso en lugar del emparrado, porque "nuestros abuelos hacían algunas cosas por algo", como apunta Nieto.
En este sentido, la directora señala el valor del trabajo de recuperación de cepas propias de Valdepeñas, como la verdoncho o la garnacha peluda, llevado a cabo por algunos productores o las investigaciones de instituciones como el Instituto de Investigación de la Vid y el Vino de Castilla-La Mancha (IVICAM), cuyas exploraciones han identificado decenas de variedades olvidadas que vuelven a entrar en el circuito comercial.
Del mismo modo, esta nueva mirada que impulsa la DO también apela a la innovación en los métodos de vinificación, por ejemplo, en la uva airén, "que en un principio era una variedad que tenía menos potencia de aromático", pero que está consiguiendo resultados que crean nuevos caracteres en los blancos de la comarca "muy interesantes enológicamente".
Enoturismo para el futuro de la comarca
La mejor forma de que los aficionados puedan degustar la amplitud de los vinos de la DO Valdepeñas es hacerlo sobre el terreno, por eso Nieto pone el foco en el fomento del enoturismo como mejor carta de presentación. Una actividad que algunas de las bodegas más consolidadas ya ejecutan y que cuenta con iniciativas como la Ruta del Vino de Valdepeñas, "que te pueden poner en contacto con otras más pequeñas" que no disponen de estos servicios de forma estandarizada.
Además, el enoturismo también encuentra sinergias con otros referentes como la Red de Hospederías de Castilla-La Mancha, el oleoturismo de la región, ya que los campos dedicados al olivo comparten paisaje junto a los de la viñas, o el turismo volcánico, incipiente en una de las zonas de mayor actividad geológica como es Campo de Calatrava. Una dinámica que permite disfrutar de una región cuyas particularidades aún resultan desconocidas para muchos.
"Estamos deseando que venga la gente, que coma y beba aquí, que pase la noche... Al final, revivir todos los pueblos de la España vacía", indica la directora de la DO, destacando las virtudes de esta forma de conocer el país, en contraste con otros destinos más masificados, y la oportunidad que suponen de cara al futuro económico de estos territorios.