La primera de la mañana

Marta García Aller señala la falta de autocrítica del Gobierno: "Desde 2020 ningún ministro ha dimitido por un escándalo"

La periodista de Onda Cero ha explicado como la polarización creciente dentro de la política española ha supuesto la desaparición de la autocrítica dentro de los partidos, que se percibe como una victoria del contrario.

Marta García Aller

Madrid |

Con la polarización pasa como con las olas de calor, hace tiempo que venimos advirtiendo su aumento pero no hacemos nada para remediarlo. Nos vamos acostumbrando a ello, como si no hubiera más remedio. Y el impacto es devastador.

Hay muchas razones por las que la polarización no es buena. Y tener buena parte del país preocupadísimo porque creen que el presidente del Gobierno es víctima de una persecución judicial que lo quiere derrocar, y la otra parte escandalizada porque ante tanto escándalo de corrupción el Gobierno se muestra impasible, como si no fuera con él, hace difícil acercar posturas.

También hace difícil, y esto no lo vimos venir, las dimisiones. El sociólogo Luis Miller ha echado cuentas y le sale que en toda la democracia española desde la Transición se han producido 23 dimisiones ministeriales. Once relacionadas con escándalos y el resto con discrepancias políticas o decisiones personales. La mitad correspondían a algún escándalo. Y será por escándalos.

Desde 2020, sin embargo, ningún ministro ha dimitido por ello. El año 2020 coincide con el comienzo del primer Gobierno de coalición. ¿Tiene que ver la falta de dimisiones con que no sea un gobierno monocolor? Según cuenta Miller en El Mundo, en Europa los gobiernos de coalición no dimiten menos, más bien al revés.

Lo que se ha fomentado en los últimos años es la política de bloques. Eso de tener un bando, prietas las filas, significa que los políticos ya no responden ante los suyos. Apenas existe fiscalización interna. Antes los políticos respondían ante la oposición, los medios, y también ante su propio partido. Se podían percibir como un problema para los suyos y que fueran ellos los que forzasen la dimisión.

Sin embargo, a medida que la polarización va subiendo la temperatura, se atrofia la autocrítica. Cualquier dimisión deja de considerarse honrosa una muestra de asunción de responsabilidades y pasa a considerarse una victoria del contrario. Criticar a los propios, en vez de un gesto de coherencia y autocrítica, se ve como deslealtad. Ni el exceso de calor ni de polarización son buenos para la toma de decisiones.

¿Moraleja?

En vez de dimitir,

se lleva resistir