Ya tenemos nuevas piezas para exponer ese Museo de la Corrupción que nos merecemos. Porque de cada caso queda, al menos, una imagen para la posteridad. Sería un museo muy variado este. Lo mismo te encuentras un Jaguar en el garaje, que un millón en el altillo de un armario de los suegros de un alcalde que un Miró en el cuarto de baño.
Pero cualquier museo que se precie tiene que tener una vitrina con joyas. Y gracias al caso Plus Ultra, que va mutando en caso ZP, por fin tenemos esa nueva adquisición. Aunque mejor que en una vitrina, estas joyas del Museo de la Corrupción deberían estar en una caja fuerte que no se pueda abrir hasta que no aparezca un policía con una radial. Las performance de este tipo visten mucho los museos. Y los sumarios de la Audiencia Nacional.
En el registro al despacho de Zapatero la UDEF se incautó de valiosos collares, pulseras, pendientes, sortijas, en una caja fuerte, que su secretaria se negaba a abrir. Cuando llamaron a la brigada encargada de reventar cerraduras, Gertrudis encontró de repente la llave.
Una colección de cadenas de oro y relojes viste mucho un museo (y un sumario). Mucho más que una colección de discos duros y carpetas. Las pruebas seguramente están en estos últimos, pero a la historia pasan las imágenes del botín que todo caso de corrupción necesita.
Gertrudis explicó a la UDEF que las joyas son de una herencia de la mujer de Zapatero y "regalos de viajes". En el Museo de la Corrupción falta una sala llena de excusas y pruebas que se vayan iluminando según dejan de ser presuntas.
Al caso Plus Ultra hay que sumarle los cinco sobres con letras chinas que decían 'diez mil' euros del registro a casa de Julito Martínez, el amigo de Zapatero. La policía le encontró 286.000 euros escondidos entre una mochila de deporte, una bolsa de golf, un neceser, una caja de vasos, y un radiador. Va a ser difícil elegir.
Menudo inventario
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