Dice el presidente Sánchez que sus problemas y los de su Gobierno se deben a lo "incómodo para las elites" que es. Ojo, elites tanto locales como internacionales. La conspiración de los jueces y los medios se le quedaba pequeña. Ahora la conjura es de los poderosos, de todos, contra él. Lo dijo ayer en el Congreso cuando sus socios le pidieron explicaciones por tanto escándalo. Y echarle la culpa a las élites por lo bien que lo está haciendo todo es lo más parecido a una explicación que dio.
Pedro Sánchez contra las élites. Qué solo debe de estar en el lado correcto de la historia, presidente. El lado corrupto, sin embargo, está últimamente de lo más concurrido. Cada vez pasa más gente a este lado. Gente que hacía cosas en nombre del presidente que a él no le constan. A la corrupción, sin embargo, no atribuye el presidente sus problemas.
No los atribuye a que la imputación del PSOE esté cada vez más cerca por su implicación en la trama Leire Díez. Ni que a la cúpula de la Fiscalía General y la Guardia Civil ocultaran reuniones clandestinas con la fontanera, imputada por organización criminal. Ayer la Fiscalía admitió dos encuentros con Leire de los que, por lo que sea, no quedó rastro documental. ¡La Fiscalía General del Estado! Igual que antes la directora de la Guardia Civil. Primero lo niegan y, en cuanto llegan las pruebas, lo reconocen. Y le quitan importancia.
No hubo reunión. Bueno, sí. Nah, pero poco.
Lleva el Gobierno, y el PSOE, dando la matraca desde que saltó el caso Koldo, y caso Ábalos, luego caso Cerdán, y ahora caso Leire, diciendo que el PSOE sí colabora con la Justicia… Y primero lo niegan todo, insultan a la prensa, la UCO y los jueces. Y, a medida que pasan los meses, y los sumarios, acaban reconociendo ciertas cada vez más cosas.
Y de todo esto, de lo que pasa en su partido y en su Gobierno, el presidente no tiene constancia. Es que está muy ocupado incomodando a las élites.
Más que una conjura de poderosos
parece una panda de mentirosos