Cifras confusas, falta de plazas y tensión social: las incógnitas que persiguen a Marlaska en su regreso a Ceuta
Marlaska regresa a Ceuta en un clima de tensión social y judicial, con la ciudad aún desbordada y en uno de los momentos más tensos desde que comenzó la crisis.
Madrid |
El pasado viernes se cumplieron 50 días desde que más de 80.000 migrantes cruzaran la frontera de Ceuta. Desde entonces, la ciudad no ha parado de reclamar la vuelta a la normalidad, mientras el Gobierno y la oposición enquistan sus reproches y las cifras de migrantes devueltos y los que permanecen no cuadran.
Los últimos acontecimientos han puesto de manifiesto que la situación está lejos de ser controlada. El mismo viernes se produjo un traslado de los migrantes que permanecían en las playas al campamento del puerto de Ceuta. Si bien, la avalancha que se produjo dejó patente que las cifras ofrecidas por el Gobierno central y las ofrecidas por el Gobierno ceutí no concuerdan.
De 2.000 a 10.000 personas
El presidente del Gobierno, en una reciente entrevista en El Intermedio, habló sobre la posibilidad de habilitar 10.000 plazas para migrantes en Ceuta. Una cifra que contrasta cuando el 4 de agosto, unos días después de la llegada masiva, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, aseguró que solo había unos 2.000 migrantes en las calles de la ciudad autónoma.
Aunque casi un mes después, esa cifra se suplicó. El ministro elevó esa cifra a "alrededor de 5.000 personas", es decir, había 3.000 personas más y, a día de hoy, el Ejecutivo estima que podrían necesitarse 10.000 plazas, por lo tanto, el doble de personas que había a finales de agosto.
Por su parte, el Gobierno ceutí también ha variado los datos a lo largo de estos 50 días. Al principio, el presidente de la ciudad autónoma, Juan Jesús Vivas, señaló que 5.000 personas se habían quedado. Después, subió la cifra a entre 8.000 y 11.000 y, finalmente, aumentó hasta las 13.000.
La tensión y la falta de plazas en el Puerto
Sea el número que sea, esas personas iban a ser trasladadas al polémico campamento del Muelle de Poniente del puerto de Ceuta, una superficie de 16.000 metros cuadrados dotada de 50 carpas proporcionadas por la AECID con capacidad para 1.700 personas.
Sin embargo, en el momento del traslado, con cargas policiales y disparos al aire, se zanjó con más de 2.000 personas sin sitio, que tuvieron que regresar a las playas. Según las últimas estimaciones del Gobierno, entre 3.000 y 4.000 seguirían en las calles o en asentamientos precarios, a pesar de que ya se han habilitado más de 6.000 plazas en distintos recursos temporales.
Este polémico traslado de migrantes dejó imágenes de caos en el acceso al puerto, con grupos rompiendo el cordón policial y tratando de adelantarse para asegurarse una plaza, lo que obligó a intervenciones repetidas para evitar avalanchas.
Varias movilizaciones y protestas durante el fin de semana
Durante el fin de semana se han repetido las movilizaciones y los episodios de conflictividad. El Foto Ciudadano de Ayuda a Ceuta convocó una protesta frente a la Delegación del Gobierno, donde hay instalada una acampada vecinal. Por su parte, más de un millar de personas han salido a las calles convocadas por la Federación de Asociaciones de Vecinos gritando consignas como 'SOS Ceuta invadida' o 'Un caballa nunca se rinde'.
Paralelamente, ha seguido habiendo altercados relacionados con personas migrantes. Un hombre ha sido detenido por amenazar con un cuchillo a varios militares, y el puerto registró altercados coincidiendo con la llegada de activistas del colectivo Negu Gorriak/Derecho a Techo. Además, el Ministerio del Interior ha pedido cancelar un partido de la Selección Sub-20 previsto para el 30 de septiembre, alegando la "presión migratoria existente" y el "clima de tensión en la vía pública".
Así las cosas, Marlaska regresa a Ceuta en un clima de tensión social y judicial, con la ciudad aún desbordada por la crisis migratoria y un operativo de acogida que ha dejado a miles de personas sin plaza. El ministro del Interior llega a la ciudad autónoma en uno de los momentos más delicados desde el inicio de la crisis.