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Ceuta, el precio de mirar hacia otro lado: la crisis que reabre las incógnitas sobre Marruecos, Argelia y Pegasus

La entrada masiva en Ceuta tras el acercamiento de Sánchez a Argelia ha reactivado las dudas sobre la capacidad de presión de Marruecos y las razones de la cautela de Moncloa.

Javier Matiacci

Madrid |

Migrantes desalojados de la playa de El Trampolín en Ceuta | Europa Press

Para comprender el impacto del episodio vivido en la frontera ceutí el pasado 30 y 31 de julio, la memoria obliga a retroceder a mayo de 2021, cuando se produjo el último precedente de algo que puede asemejarse. En aquel momento, la entrada ininterrumpida de cerca de 12.000 personas en apenas 48 horas coincidió con la crisis abierta por la hospitalización clandestina en España de Brahim Ghali, líder del Frente Polisario.

Aquel acontecimiento evidenció una de las armas de Marruecos: la relajación deliberada del control fronterizo por parte de las fuerzas de seguridad marroquíes. En aquel momento se vio por analistas como un aviso explícito de Rabat a Madrid para recordar quién ostenta la llave de la estabilidad en la frontera sur de Europa.

La coincidencia geopolítica: el factor Argelia

Diez días antes de la eclosión en el espigón del Tarajal, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, realizó un viaje oficial a Argelia donde se escenificó el restablecimiento del diálogo bilateral, la reactivación de las relaciones comerciales directas e impulsos en materia de suministro energético sin intermediación marroquí.

Marruecos y Argelia mantienen una pugna histórica por la hegemonía regional y la causa del Sáhara Occidental. Y ahí entra el difícil equilibrio para España. Cualquier gesto de aproximación hacia Argel es percibido en Rabat como un movimiento hostil. Pese a que el Ejecutivo insiste oficialmente en calificar la relación con el Reino Alauita de "excelente", la crisis de Ceuta vuelve a coincidir cronológicamente con la molestia de Marruecos ante la recomposición del eje Madrid-Argel.

La cautela de Moncloa: las sombras de Pegasus y el giro del Sáhara

El aspecto que suscita mayores incógnitas e incluso comprensión entre sus propios socios e incluso algunos miembros del partido es la reacción de Moncloa. Ante las acusaciones de la oposición y las sospechas sobre la inhibición de la gendarmería marroquí, el Gobierno se ha limitado a sostener que no existen pruebas fehacientes que permitan imputar la autoría o diseño de esta crisis a las autoridades de Rabat.

Esta permanente cautela reabre interrogantes de fondo no resueltos en la política exterior española.

En mayo de 2022, el Ejecutivo confirmó públicamente la intrusión en el teléfono móvil del presidente Sánchez y de la ministra de Defensa mediante el programa israelí Pegasus, coincidiendo en fechas con la crisis de 2021.

Por otro lado, la histórica rectificación de la posición española sobre la soberanía del territorio saharaui se ejecutó sin explicaciones parlamentarias, dejando un halo de dudas sobre si obedeció a una decisión estratégica o a una cesión bajo presión.

Frente a la versión oficial que desvincula a Rabat de la emergencia fronteriza, la acumulación de estos factores alimenta la tesis de la oposición sobre la vulnerabilidad diplomática del Gobierno.

Ceuta ha vuelto a poner en duda si España puede sostener a la vez su acercamiento a Argelia, su alianza estratégica con Marruecos y una frontera que depende, en buena medida, de la voluntad del país vecino.