La resaca electoral andaluza la podemos dividir entre lo que queda claro y lo que está por ver. Lo que queda claro es que Juanma Moreno arrasa en Andalucía pero pierde la mayoría absoluta. Queda claro también que María Jesús Montero ha obtenido el peor resultado de su historia para el PSOE.
Y que el batacazo monumental de los 28 escaños del partido que solía ser hegemónico en Andalucía no puede atribuirse a la desmovilización de la izquierda. La izquierda se movilizó, pero lo que más creció fue el voto a Adelante Andalucía, que cuadruplica sus escaños (de 2 a 8). Es decir, crece la extrema izquierda, pero la que no forma parte de la coalición del Gobierno de España. Y, por último, también sabemos que Vox crece, poco (de 14 a 15), pero crece, y va a ser determinante.
Juanma Moreno dijo en campaña que Vox era un lío, que los andaluces no podían permitirse "lo de Extremadura". Y se le está poniendo cara de María Guardiola. Gana, pero pierde cinco escaños (de 58 a 53) y la mayoría absoluta. Así que lo que está por ver en el PP de Juanma Moreno es cuánto había de postureo en su moderación y cuánto de principios.
Juanma Moreno decía que cuanto menos hablara de Vox, mejor. No ha funcionado. Prometió que él no iba a hacer políticas populistas, ni radicales. Está por ver. Ahora tiene que entenderse con el partido que niega la violencia de género, demoniza la inmigración y agita la prioridad nacional. Prometió "centralidad", pero tiene que pactar con Abascal. ¿Cuánto normalizará de su discurso?
Y está por ver también cómo va a digerir el PSOE esta derrota. Y van cuatro. ¿Cuánta responsabilidad asumirá Moncloa? Porque la estrategia de enviar ministras a las autonómicas es de Pedro Sánchez y no hay una que haya salido bien. La derecha arrasa, la extrema derecha y la extrema izquierda crecen, y al PSOE le vota cada vez menos gente. La mayor derrota ha sido la de la más sanchista de las candidatas.
¿Hará Sánchez de avestruz
con la derrota del PSOE andaluz?