ARANCELES

China no se arruga frente a Trump y comienza la guerra comercial

China se siente fuerte y cuenta con instrumentos para contestar a Trump, no solo en el intercambio de bienes. El problema es que un conflicto comercial abierto entre los dos gigantes económicos del planeta dejará víctimas en todo el mundo, no solo en sus respectivas economías.

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Qué pasa entre EEUU y China: así afectaría su guerra comercial a otros países

Ignacio Rodríguez Burgos

Madrid |

China no se arruga frente a Trump y comienza la guerra comercial | pexels

China no está dispuesta a "lamerle el culo" a Donald Trump. Se siente fuerte para hacerle frente. El Gobierno de Pekín ha anunciado la imposición de un arancel del 84% a los productos estadounidenses. Es la respuesta del Ejecutivo de Xi Jinping a las tarifas del 104% establecidas por Washington a las importaciones de artículos chinos.

Trump decía anoche en el Comité Nacional del Partido Republicano que muchos países quieren negociar, "Me están lamiendo el culo. Se mueren por cerrar un acuerdo". No es el caso de la orgullosa y milenaria China y eso que el país asiático cuenta con un gigantesco superávit comercial con EEUU.

La teoría económica, según el Secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, en caso de una guerra comercial entre dos países el que más pierde es el que más vende, el que cuenta con superávit. Pero esto no está claro porque en una guerra comercial, los "disparos tarifarios" no se limitan a los bienes. Se pueden extender a otros elementos como los servicios, financieros, consultoría, ingeniería.

La trifulca puede alcanzar los servicios digitales y tecnológicos o, incluso, con la imposición de contingentes, limitaciones de compra, establecimiento de cantidades o, como muchas veces han sufrido los exportadores españoles de productos agrarios y ganaderos con exigencias sanitarias en frontera que echan atrás los envíos.

Deuda pública

La guerra comercial tiene otras derivadas: el mercado de deuda pública. EEUU cuenta con una deuda pública que ronda los 36 billones de dólares. Es, sin duda, la más grande del planeta. Hasta ahora nunca ha tenido problemas para financiar su enorme gasto público, su gigantesco déficit fiscal de alrededor del 7% porque el dólar es una moneda de reserva, la más fuerte y fiable. Además, porque el PIB estadounidense representa el 25% del total mundial, en los años sesenta llegó a suponer el 40%.

Estados Unidos siempre ha sido fiel a sus compromisos internacionales, por eso, porque había seguridad jurídica, libre mercado y oportunidades, el Bono USA era una garantía. Pero como dice la tradición "en el amor y la guerra" todo vale. Y China no se cruzará de brazos viendo cómo sus barcos se quedan al pairo llenos de contenedores sin colocar en EEUU. Pekín es el segundo mayor acreedor de la deuda pública estadounidense. Japón es el primero.

Se supone que controla algo más de 700.000 millones de dólares de bonos yanquis. Y se sospecha que el ejecutivo de Xi Jinping lleva ya unas semanas vendiendo deuda americana en los mercados internacionales. La rentabilidad del bono USA se ha elevado, lo que significa que hay que pagar más para colocarlo. Esto lleva a un encarecimiento de la financiación de la economía de EEUU. Y este año, solo este año, el gabinete de Trump debe refinanciar 9 billones (europeos) de dólares.

El Imperio dólar

La otra gran batalla está en las divisas. Los economistas y asesores que están detrás de la Casa Blanca consideran que EEUU está siendo castigado en los mercados internacionales porque a pesar de contar con un billonario déficit comercial su divisa, el billete verde, no se deprecia porque es la moneda de reserva internacional. Esto supone que EEUU no se beneficia de ser el emisor de la divisa de reserva del mundo.

Para que la guerra de aranceles tenga sentido necesita hacer más competitivas sus exportaciones y una herramienta es una divisa más débil. Es lo que está haciendo Pekín con la depreciación del yuan. Es lo que hacía cada dos por tres España cuando ya no podía aguantar el agujero de la balanza comercial, devaluar la peseta una y otra vez hasta alcanzar el equilibrio.

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EEUU consiguió en Bretton Woods, tras la Segunda Guerra Mundial, convertirse en el vigilante del dinero mundial, al principio vinculando el billete verde con el oro. Controlaba el juego. Pero Richard Nixon rompió la baraja al abandonar en 1971 el patrón oro. Desde entonces, el valor del dólar se sustenta en el poderío económico de EEUU, en su poder comercial, en sus consumidores, en su "garrote" militar, en sus, hasta ahora, férreas alianzas, y en su fiabilidad como socio principal. Con Trump todo esto está en juego. Y China desafía al emperador. Y Europa a la espera.

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