PINTURA

Muere el artista británico David Hockney a los 88 años

Hockney, que trabajó prácticamente hasta el final de su vida, fue un pilar fundamental del movimiento Pop Art en la década de los pasados años 1960.

ondacero.es | Agencias

Madrid |

Muere el artista británico David Hockney a los 88 años | EFE

El artista británico David Hockney, fallecido este viernes a los 88 años, será recordado por pintar las piscinas más luminosas de California, además de ser uno de los mejores paisajistas del Reino Unido.

Con su muerte se va uno de los nombres más influyentes del siglo XX: fue un referente del arte pop británico de los años 60, y luego se convirtió en un pintor tan abierto a la tecnología que su paleta ya no era física, sino su propio iPad.

Nacido en Bradford (en el condado inglés de Yorkshire) el 9 de julio de 1937, Hockney pronto desarrolló un interés por el mundo creativo, en el que ahondó con sus estudios en la Escuela de Arte de Bradford y en el Royal College Of Art de Londres.

Probó varias técnicas

De personalidad exuberante, vitalidad contagiosa y mente inquieta, según aquellos que lo conocieron bien, a lo largo de su carrera probó técnicas variadas, como la pintura, el dibujo, el grabado, la acuarela y la fotografía.

El nombre de Hockney aparece entre los artistas más relevantes de las últimas décadas, con sus inolvidables obras de paisajes, sus incontables retratos de amigos, sus perros —una constante en su trabajo— y sus decorados para escenarios del Royal Court Theatre (en Glyndebourne) y la Metropolitan Opera de Nueva York.

Series de piscinas

Sus estancias en California también marcaron sus obras. En 1964 se mudó a Los Ángeles buscando una luz que no encontraba en su país. Allí creó distintivas series de piscinas con colores vibrantes en una época en la que vivió a caballo entre esa ciudad, Londres y París, a finales de los 60 y comienzos de los 70.

Con relación a ese periodo luminoso, en 1972 su 'Retrato de un Artista (Piscina con dos Figuras)' se vendió en la casa de subastas Christie's en Nueva York por 90 millones de dólares (82,4 millones de euros), convirtiéndole en la obra más cara de un artista vivo subastada.