«Las mariposas también crecen»: la profesora que aprendió de sus alumnos de Educación Especial y lo convirtió en libro
Lola Clares recoge en «Las mariposas también crecen» su experiencia como tutora en un aula de Educación Especial y la metáfora que da título al libro
Murcia |
Algunos libros no nacen de la ambición de escribir, sino de la necesidad de no olvidar. Es lo que ocurre con Las mariposas también crecen, la primera obra de Lola Clares, una docente que ha convertido su experiencia en un aula de Educación Especial en un relato a partes iguales pedagógico y emocional. La autora ha pasado por los micrófonos de Más de uno Murcia —en lo que reconoció que era su estreno radiofónico— para contar cómo nació el libro.
Clares aclara que no se trata de una novela ni de ficción, sino de un testimonio verídico escrito «desde la pedagogía y el corazón». De hecho, insiste en esa palabra: para trabajar con necesidades educativas especiales, sostiene, «hay que tener corazón».
El punto de partida fue un curso con cuatro alumnos con afectaciones poco conocidas. Son, explica, niños con necesidades tan específicas que «normalmente la gente no los conoce», porque se trata de condiciones que no aparecen en televisión ni en el debate público y que, por ello, permanecen «escondidas». Ninguno de los cuatro tenía lenguaje y solo uno era capaz de comunicar algo, de modo que buena parte de su trabajo consistió en aprender a leer entre líneas: identificar cuándo transmitían alegría, pena, dolor o necesidad sin recurrir a palabras ni a pictogramas.
De esa convivencia surge la idea que vertebra el libro y que la autora resume con una imagen rotunda: llegó al aula con sus estudios, sus cursos y su experiencia, dispuesta a enseñar, y fueron los niños quienes terminaron enseñándole a ella cómo tratarlos para alcanzar objetivos, por básicos que estos fueran.
Clares dedica una parte central de su reflexión a la «mochila» que cargan estos niños y sus entornos. Dentro de ella sitúa, sobre todo, la incomprensión —«me he encontrado con muy pocos docentes que llegan a comprenderlo realmente»— y el papel decisivo de las familias, a las que define como las grandes olvidadas. Reconoce que no todas afrontan la situación igual: frente a quienes luchan por la mejora de sus hijos desde los primeros meses de vida, hay familias que «jamás lo van a asimilar». La autora reivindica, además, mirar más allá del informe médico o del dictamen psicopedagógico, porque «cada niño es único» y todo diagnóstico debe adaptarse a la realidad concreta de cada menor.
El título encierra precisamente esa tesis. Como ella misma explica, las necesidades educativas especiales suelen verse como una oruga; su propósito es demostrar que, cuando se mira más allá del diagnóstico, esa oruga puede transformarse en crisálida y, finalmente, en una mariposa. Una mariposa delicada, pero inmensamente fuerte.
Pese a que ya no continúa con aquellos cuatro alumnos, Clares sigue trabajando en Educación Especial, una labor que describe como su pasión: no concibe dedicarse a otra cosa. Las mariposas también crecen puede adquirirse a través de internet, en la plataforma Compramilibro y en la librería Caballero, de Mula.