El proyecto del Gran Colector encara su cuarta y última fase con una inversión de 1.026.574,66 euros y un plazo de ejecución de siete meses. Las actuaciones permitirán completar una infraestructura clave para mejorar la gestión de las aguas pluviales y prevenir inundaciones en el municipio, especialmente en las zonas más sensibles del casco urbano.
Los trabajos afectarán a la avenida Cardenal Tarancón, la avenida Jaime I y la avenida Jaime Chicharro, donde se producirán cortes puntuales de tráfico. El Ayuntamiento informará progresivamente a la ciudadanía sobre los tramos afectados y los desvíos alternativos previstos en cada momento, con el objetivo de minimizar las molestias y garantizar la movilidad urbana durante el desarrollo de las obras.
La intervención contempla la conexión de tuberías de gran diámetro desde la rotonda de la piscina cubierta, mediante dos ramales que se prolongarán hasta el Camí Fondo y la plaza de la Generalitat Valenciana. Esta actuación permitirá recoger y canalizar las aguas pluviales procedentes de sectores especialmente sensibles, como Escorredor y Finello.
Entre las principales actuaciones previstas figura la construcción de una gran arqueta en la carretera del Puerto, desde la que partirá un colector de 1.800 milímetros de diámetro que recorrerá la avenida Jaime Chicharro hasta la plaza de la Generalitat Valenciana. Asimismo, se ejecutará una nueva red de drenaje en la avenida Jaime I que culminará con la construcción de un tanque de tormentas en las inmediaciones del Camí Fondo.
El proyecto se completará con la instalación de imbornales en puntos críticos, como la calle Finello, y la incorporación de Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible (SUDS) mediante pavimento drenante, una solución que favorece la infiltración del agua y contribuye a mejorar la gestión de las precipitaciones.
Con el inicio de esta última fase, el Gran Colector entra en su etapa definitiva. La infraestructura permitirá conducir las aguas pluviales mediante una canalización subterránea, situada a unos cuatro metros de profundidad, a lo largo de toda la fachada este de la ciudad hasta su vertido en el río Anna, completando así una actuación estratégica para reducir el riesgo de inundaciones y avanzar hacia una gestión más sostenible del agua.