¿Es realmente una industria circular? ¿Qué impacto tiene la digestión anaerobia en el entorno local? ¿Existen estudios que alerten de posibles efectos negativos para la salud o el medio ambiente? ¿Y es correcto hablar de “macroplantas” sin atender a criterios técnicos objetivos? Estas son algunas de las cuestiones que analiza Raúl Muñoz, catedrático de Tecnologías del Medio Ambiente en la Universidad de Valladolid y uno de los mayores expertos en biogás y biometano en España. El debate, explica, no es solo energético: también es territorial y social, y exige datos rigurosos frente a simplificaciones.
En Europa funcionan cerca de 1.700 plantas de biometano, en un contexto de crecimiento acelerado del sector. Más allá de la reducción de gases de efecto invernadero, el análisis debe considerar impactos locales, gestión de residuos, aceptación social y criterios técnicos para clasificar las instalaciones. Porque la transición energética no depende únicamente de qué tecnologías se impulsen, sino de cómo, dónde y bajo qué condiciones se desarrollen. Con base científica y visión ambiental, Muñoz invita a abordar el biometano desde el equilibrio entre oportunidad y responsabilidad.