psicología de andar por casa

A solas, pero no solos; entender la soledad

Con Edgar Bresó, profesor y psicólogo

ondacero.es

La Ribera |

Edgar Bresó

Hoy vamos a hablar de algo que todos hemos sentido alguna vez, aunque no siempre sepamos nombrarlo bien: la soledad.

Pero no vamos a hablar solo de esa soledad que duele… sino también de la que puede ser útil, necesaria e incluso positiva. Para ello, hoy nos acompaña nuestro psicólogo de guardia Edgar Bresó, con quien vamos a intentar entender qué es realmente la soledad, para qué sirve y cómo podemos entenderla y gestionarla mejor en nuestro día a día.

Para empezar, una pregunta básica: ¿qué es realmente la soledad?

La primera cosa que me gustaría decir sobre la soledad es que es una experiencia subjetiva. No es simplemente estar ”fisicamente” solo. Puedes estar rodeado de gente y sentirte solo, o estar físicamente solo y no sentir soledad.

Tiene más que ver con la calidad de nuestras relaciones que con la cantidad. Y esta es la idea fundamental que quiero compartir hoy con la audiencia. No es estar solo/a sino sentirse solo/a.

Es decir, no depende tanto del número de personas que tenemos alrededor, sino de cómo nos sentimos con ellas.

Exacto. Y esa es clave, porque muchas veces intentamos “llenar” la soledad con más interacción social (con más personas), cuando el problema real puede ser otro.

¿Y a qué te refieres con que “el problema puede ser otro”?

La sensación de soledad no depende tanto de cuánta gente tenemos alrededor, sino de la calidad de la conexión que sentimos. Desde mi punto de vista, hay 3 factores fundamentales que nos hacen sentirnos solos:

1.Cuando NO nos sentimos realmente comprendidos.

2.Cuando NO podemos mostrarnos tal y como somos

3.Cando, por miedo a incomodar o ser rechazados, nos adaptamos demasiado a los demás.

Pero hay otros factores, por ejemplo, también influye la autoexigencia (en una fiesta, situación social, un evento, etc.), esa sensación de no encajar del todo, o los cambios de rol que nos distancian emocionalmente de nuestro entorno (te hacen jefe/a) en el trabajo. A esto se suma tener relaciones superficiales o incluso estar desconectados de nosotros mismos, sin tener claro qué sentimos o necesitamos.

En el fondo, la soledad surge cuando falta autenticidad, conexión emocional y sentido de pertenencia, y eso nos suele pasar, como hemos comentado en situaciones sociales, no es necesariamente cuando estamos solos en casa.

Y la soledad ¿tiene alguna función? ¿Sirve para algo?

Sí, la soledad no es solo un malestar: cumple una función adaptativa. Es una señal interna, similar al hambre o al dolor y nos indica que necesitamos algo importante a nivel emocional.

En concreto, por ejemplo, nos avisa de que falta un vínculo real, ya sea con otras personas o con nosotros mismos. (por ejemplo, cuando no tenemos y queremos buscar pareja)

Nos ayuda a revisar relaciones: Nos empuja a cuestionar si los vínculos que tenemos son superficiales o poco satisfactorios.

Fomenta nuestro autoconocimiento: al retirarnos del ruido externo, facilita entender qué sentimos, qué necesitamos y qué nos está faltando.

E incluso impulsa los cambios: puede motivar a buscar relaciones más auténticas, poner límites o salir de dinámicas que no nos llenan.

Y finalmente nos ayuda a desarrollar autonomía emocional: aprender a estar solos sin evitarnos fortalece nuestra seguridad interna. Nuestra autoconfianza y autoeficacia.

Ahora bien, hay una distinción importante:

Una cosa es la Soledad puntual o funcional. La cual es útil y nos puede ayudar y otra cosa muy distinta es la Soledad crónica que nos desgasta y puede afectar al estado de ánimo o la autoestima

Idea clave: La soledad no aparece para castigarte, sino para informarte:

O sea, no es un fallo… es un aviso.

Exacto. Desde el punto de vista evolutivo, los seres humanos necesitamos pertenecer a un grupo. La soledad nos empuja a reconectar.

Pero además, hay otra cara: la soledad elegida también permite reflexión, creatividad y autoconocimiento.

¿Qué dice la ciencia sobre la soledad?

La evidencia científica es bastante clara: la soledad, cuando se vuelve crónica y no deseada, tiene efectos negativos importantes, tanto en la salud mental —aumentando el riesgo de depresión, ansiedad o pensamientos negativos— como en la salud física y el funcionamiento cognitivo. Sin embargo, la investigación también nos ha demostrado un matiz clave: no es lo mismo sentirse solo que estar solo.

Cuando la soledad es puntual, funciona como una señal útil que nos indica que necesitamos más conexión o relaciones de mayor calidad. Y, además, el tiempo a solas elegido voluntariamente puede ser incluso beneficioso, ya que favorece la regulación emocional, el descanso mental y el autoconocimiento. Como conclusión, yo diría que las personas que saben gestionar bien los momentos de soledad suelen tener mayor capacidad de regulación emocional, más creatividad y mejor toma de decisiones.

Vamos a lo práctico: ¿qué podemos hacer en el día a día para gestionar mejor la soledad?

Algunas claves muy útiles:

1. Diferenciar tipos de soledad: No es lo mismo estar solo que sentirse solo.

2. Priorizar calidad sobre cantidad: Mejor una conversación significativa que muchas superficiales.

3. Aprender a estar con uno mismo: Dedicar tiempo a actividades en solitario que sean enriquecedoras.

4. Cuidar vínculos reales: Llamar, quedar, escuchar… no solo interactuar en redes.

5. Detectar señales de alerta: Si la soledad genera malestar constante, es importante actuar.

¿Conclusión Final?

La soledad no es solo ausencia de compañía, es una experiencia que nos habla de nuestras necesidades.

Puede doler, sí. Pero también puede enseñarnos.

En un mundo cada vez más conectado, quizá el reto no sea estar más acompañados… sino sentirnos más conectados de verdad.

Client Challenge

Porque, al final, aprender a estar a solas también es una forma de aprender a estar mejor con los demás.