psicología de andar por casa

La Resiliencia, Mito o Realidad

Con Edgar Bresó, profesor y psicólogo

Luis Méndez

La Ribera |

Edgar Bresó

Edgar Bresó, muy buenas tardes. Cuéntanos, hoy nos traes un término del que todo el mundo habla en redes sociales, en libros de autoayuda y en el trabajo, pero que muchas veces no sabemos muy bien qué significa: la resiliencia. ¿Qué es exactamente, desde la psicología de andar por casa?

Muy buenas tardes, Luís. Un placer, como siempre, estar aquí con vosotros. Pues sí, la resiliencia es una de esas palabras que se han puesto de moda, y que esconde detrás algo verdaderamente útil lo que pasa es que… con la resiliencia, al igual que con otras cosas… al haberla usado, yo creo que, demasiado y para demasiadas cosas, se ha desvirtuado y perdido su efecto

En psicología definimos la resiliencia no como la capacidad de "no caerse nunca", sino como la capacidad del ser humano para adaptarse de forma flexible a las situaciones adversas, superar las crisis y, lo más importante, salir transformado o fortalecido de ellas.

El término viene originalmente de la física: es la propiedad que tienen algunos materiales para doblarse bajo una gran presión y volver a su forma original sin romperse. En las personas ocurre algo muy similar: no es evitar el golpe o el dolor, sino saber encajarlo, procesarlo y continuar caminando.

Vale, pero déjame hacer de abogado del diablo... A veces da la impresión de que lo políticamente correcto es aguantarlo todo. Si alguien lo pasa mal o no está de acuerdo… es que no es resiliente. ¿Existe algún mito o falsa creencia alrededor de esto?

Qué buena pregunta, Luís. Y aquí me gustaría desmitificar algo fundamental: ser resiliente no significa ser invulnerable, no se trata de no sentir dolor, ni de poder con todo y aguantar lo que te echen sin deprimirse.

Existe hoy en día lo que en psicología llamamos el mito de la "positividad tóxica" o la "falsa resistencia". Pensar que la resiliencia es sonreírle al problema, aguantar sin quejarse o no mostrar debilidad es una equivocación tremenda. La resiliencia real no es la contención ni la frialdad; al contrario, requiere abrazar la tristeza, el cansancio o la frustración, entender qué nos está pasando y darnos permiso para sentirlo.

Aguantar el dolor en silencio sin pedir ayuda no es ser resiliente, es simplemente desgastarse.

Es decir, que no se trata de no sentir la caída, sino de cómo nos levantamos. Y a nivel científico, ¿qué dicen los estudios empíricos sobre esto? ¿Es una cualidad con la que se nace o se puede entrenar?

Se puede entrenar absolutamente, Luís. Y lo demuestran muchísimos estudios empíricos. Por ejemplo, las investigaciones sobre el Crecimiento Postraumático (desarrolladas por psicólogos como Tedeschi y Calhoun) demuestran que gran parte de las personas que atraviesan eventos altamente estresantes o traumáticos no sólo recuperan su nivel de bienestar previo, sino que desarrollan mayores recursos personales, relaciones más profundas y una mayor apreciación de la vida.

Por ejemplo, en la pareja, siempre se dice que: Si tenemos una crisis y la superamos, nos hacemos más fuertes como pareja. Esta es la clave de la resiliencia. Creer que podemos tener una crisis y superarla. Las parejas más estables son las que más crisis superan porque las que nunca tienen crisis, en la primera que tienen… no saben qué hacer y se caen.

Además, la neurociencia ha demostrado gracias a la neuroplasticidad que nuestro cerebro no es rígido. Cuando aprendemos a gestionar el estrés y a buscar nuevas formas de afrontamiento, modificamos físicamente las conexiones neuronales que regulan la respuesta de nuestro sistema nervioso.

En definitiva: la resiliencia no es un rasgo genético con el que naces o no naces; es un conjunto de pensamientos, emociones y conductas que cualquier persona puede aprender y desarrollar.

Nos queda clarísimo. Y para quien nos esté escuchando en el coche o en casa y sienta que está pasando por un momento complicado o de mucha incertidumbre... ¿qué consejo o ejercicio práctico le darías para empezar a trabajar su resiliencia hoy mismo?

Les daría una herramienta muy sencilla en tres pasos para cuando sientan que la presión los desborda:

1. Parar y percibir el cuerpo: Como hemos dicho otras veces, antes de reaccionar hay que parar. Identifica dónde sientes la tensión (el pecho, el estómago, los hombros).

2. Aceptar la emoción sin juzgarla: En lugar de decirte "no debería estar frustrado/asustado", dote a ti mismo: "Es normal que me sienta así en esta situación".

3. Focalizarte en tu margen de control: Hazte esta pregunta clave: "De todo esto que me está agobiando, ¿qué depende exactamente de mí ahora mismo y qué no?". Lo que no dependa de ti, déjalo a un lado. Y sobre lo que sí depende de ti, por pequeño que sea, da un primer paso. Eso nos devuelve la sensación de autoeficacia y nos saca de la parálisis.

LUÍS: Estupendo, Edgar. Nos quedamos con esa idea de que doblarse no es romperse y de que todos tenemos la capacidad de adaptarnos y volver a levantarnos. Como siempre, un placer tenerte en el programa.

Un placer, Luís. ¡Hasta la próxima!