psicología de andar por casa

Físico y Personalidad: ¿El espejo del alma o el reflejo de la sociedad?

Con Edgar Bresó, profesor y psicólogo

Luis Méndez

La Ribera |

Edgar Bresó

¡Edgar Bresó, muy buenas tardes! Llegamos al último programa de la temporada y hoy nos traes un tema bastante curioso. Hablaremos del aspecto físico y de cómo las características físicas influyen en nuestra personalidad. ¿Cómo es eso posible, Edgar?

¡Buenas tardes, Luís! Un placer como siempre estar aquí de nuevo, aunque hoy un poco triste porque hoy despedimos la temporada…

Mira, al preparar el programa de hoy, recordaba mi primer día en la universidad. Un lunes a las 8 de la mañana, en primer año de carrera.

Te confieso que entré a estudiar Psicología con la idea de centrarme en la psicología social. Yo quería entender cómo el entorno y nuestras relaciones sociales condicionan nuestro comportamiento. Sin embargo, esa primera clase era de Psicología de la Personalidad. Al principio reconozco que no era mi asignatura preferida, pero me quedé impactado al descubrir que algunas teorías defendían que los rasgos físicos están directamente relacionados con nuestra forma de ser.

Y si lo piensas, en realidad parece tener sentido. De hecho Luís, si te fijas en personas que conoces y que se parecen físicamente, resulta que también suelen ser clavaditas en su carácter o en sus gestos. Y no sé si te ha pasado alguna vez esa sensación de ver a dos personas físicamente parecidas y pensar: "es que son iguales hasta en la forma de ser" ¿Cómo lo ves?

Bueno sí… es posible pero… eso parece más sugestión o casualidad… ¿Qué es lo que ha dicho la ciencia de todo esto?

Bueno, la obsesión por intentar adivinar cómo es alguien solo con mirarle la cara o el cuerpo viene de muy lejos. La teoría más famosa data del siglo XIX y fue la Frenología,. Estos señores sostenían que la forma del cráneo determinaba tu personalidad. Iban con unas cintas métricas y si tenías un bulto un poco más pronunciado encima de la oreja, decían:

"Cuidado, este hombre tiene tendencia a ser agresivo o a robar". Pensaban que las facultades mentales hacían crecer el cerebro y este deformaba el hueso.

Imagínate las injusticias que se cometieron juzgando a la gente por los bultos de la cabeza.

Madre mía, menos mal que avanzamos. Pero… un pajarito me ha dicho a mi que esto no paró en el siglo XIX, en el siglo XX también hubo otra teoría muy sonada que seguro que a muchos oyentes les suena de los gimnasios o los colegios, ¿verdad?

Sí, a mediados del siglo XX, el psicólogo William Sheldon creó la teoría de los Somatotipos. Dividió los cuerpos en tres y les asignó una forma de ser fija. Decía que los ectomorfos (delgados y altos) eran tímidos e intelectuales; los mesomorfos (musculosos y atléticos) eran líderes, enérgicos y agresivos; y los endomorfos (con tendencia a acumular grasa) eran personas sociables, tranquilas y perezosas.

He de decir, que hoy sabemos que esto no tiene ninguna base científica genética, pero se quedó tan clavado en la cultura popular que todavía hoy el cine nos o la publicidad se pone al malo musculoso, al empollón flacucho y al bonachón más… digamos entradas en carne.

Es verdad, tenemos esos estereotipos grabadísimos. Pero entonces, Edgar, si estas teorías antiguas eran falsas... ¿Significa que nuestro físico no influye en absoluto en cómo somos? ¿O sí que hay una relación real?

Pues aquí viene la sorpresa… Influye muchísimo Luís, pero no por la biología, sino por la sociología. No es que tu esqueleto te haga genéticamente ser tímido o lanzado; es cómo reacciona la sociedad a tu físico lo que termina moldeando tu personalidad. Y en psicología social lo estudiamos a través de las expectativas y los sesgos.

Explícanos eso de cómo reacciona la sociedad. ¿Tanto nos condiciona la mirada de los demás?

Totalmente. Pensemos en el Efecto Pigmalión. Imagina a un niño que crece muchísimo, que es más alto y robusto que sus compañeros de clase. Inconscientemente, los profesores y los amigos le van a pedir que lidere los juegos, que defienda a los más débiles y, sin darse cuenta, le van a dar responsabilidades de "adulto". Al final, ese chaval tiene muchas probabilidades de desarrollar una personalidad protectora, segura y con dotes de liderazgo, pero no porque sus genes lo dijeran, sino porque su entorno le empujó a ejercer ese rol debido a su aspecto físico.

O sea, que el entorno te "obliga" o te empuja a ser como aparentas.

Exacto. Y hay otro sesgo brutal que nos afecta a todos: el Efecto Halo. Tendemos a asociar de forma totalmente inconsciente que las personas que consideramos atractivas o con rasgos armónicos son también más inteligentes, amables, honestas y de fiar. A una persona atractiva se le sonríe más en las tiendas, se le perdonan antes los errores y se le da más feedback positivo. ¿Qué provoca esto a largo plazo? Que esa persona crezca con una mayor autoestima, sea más extravertida y tenga más seguridad en sí misma. El físico ha condicionado su experiencia vital y, por ende, su personalidad.

Es impresionante cómo compramos esos atajos mentales sin darnos cuenta. Edgar, a modo de resumen y conclusión para los oyentes... ¿con qué idea principal nos tenemos que quedar?

Pues mira, Luís, la conclusión es que el cuerpo no es el destino, pero sí es nuestra carta de presentación ante el mundo. Nuestra personalidad se construye en el "choque" entre cómo nos vemos y cómo nos miran.

El peligro no está en nuestro cuerpo, sino en las etiquetas que la sociedad cuelga en determinados físicos y que nosotros mismos terminamos por creernos y adoptar como si fueran verdades absolutas.

Y para este verano, que nos miramos más al espejo, vamos a la playa y nos exponemos más, ¿qué recomendaciones prácticas nos puedes regalar?

Les propongo a los oyentes tres pautas muy sencillas para aplicar desde hoy mismo:

Detectar el "autosegundo plano": A veces dejamos de hacer cosas (ir a la playa, apuntarnos a un curso o hablarle a alguien que nos gusta) porque pensamos: "Con mi físico, yo no encajo ahí". Y hay que romper ese pensamiento automático. No te limites tú antes de que el mundo te ponga a prueba.

Hacer arqueología de tus etiquetas: Piensa en qué rasgos de tu forma de ser crees que van ligados a tu físico (por ejemplo: "Soy invisible porque soy bajito" o "Soy rudo porque soy grande"). Pregúntate si realmente eres así o si simplemente compraste el papel que los demás esperaban que jugaras.

Cuidar la mirada hacia el otro: Cuando conozcas a alguien este verano, haz el esfuerzo consciente de frenar el "Efecto Halo". No juzgues la timidez, la inteligencia o la simpatía de alguien basándote en su peso, su altura o sus facciones. Date la oportunidad de descubrir a la persona detrás del envoltorio, que es lo que nos decía la canción que hemos escuchado en al principio del programa.

Qué gran broche de oro para esta temporada, Edgar. Conciencia, menos etiquetas y aprender a mirarnos mejor. Muchísimas gracias por habernos acompañado cada dos semanas con tu psicología de andar por casa. ¡Feliz verano y nos escuchamos a la vuelta!

¡Feliz verano a ti, Luís y a los oyentes! Ha sido un auténtico placer. Recordad: vuestra personalidad es lo que hacéis con vuestra vida, no lo que os dice el espejo.

¡Nos vemos en Septiembre!