Con el incremento de las actividades acuáticas, los especialistas en Pediatría del Hospital Vithas Medimar recuerdan la importancia de prevenir la otitis externa, una de las infecciones más frecuentes de esta época del año y que está estrechamente relacionada con los baños prolongados, especialmente en piscinas.
La otitis externa es una infección que afecta al conducto auditivo externo y que suele aparecer con mayor frecuencia en niños mayores de 3 años, una edad en la que comienzan a nadar y bucear con mayor intensidad.
Según explica la Dra. Carolina Sanz, coordinadora del servicio de pediatría del Hospital Vithas Medimar, “el síntoma principal de esta patología es un intenso dolor de oído que puede aparecer de forma espontánea y que se agrava al tocar o mover la oreja. Al afectar generalmente a niños de mayor edad, estos suelen identificar y expresar claramente la molestia”.
A diferencia de otras infecciones del oído, la otitis externa no suele cursar con fiebre. “Cuando un niño presenta dolor de oído acompañado de fiebre, los pediatras debemos valorar la posibilidad de que exista otra patología o alguna complicación asociada”, señala la especialista.
Ante cualquier episodio de dolor de oído, los expertos recomiendan acudir al pediatra para realizar una valoración adecuada y establecer el tratamiento más indicado. Habitualmente, el tratamiento consiste en la aplicación de gotas óticas directamente en el conducto auditivo durante un periodo de entre cinco y siete días.
Durante el tiempo que dure el tratamiento, “es importante evitar que el niño sumerja la cabeza tanto en la piscina como en el mar, con el fin de favorecer una correcta recuperación y evitar complicaciones”.
Los especialistas de Vithas Medimar destacan además que existen medidas preventivas para aquellos niños que presentan episodios repetidos de otitis externa, por lo que recomiendan consultar con el pediatra en estos casos para establecer pautas individualizadas.
Por último, recuerdan la importancia de que las piscinas mantengan unas condiciones óptimas de higiene y desinfección. “Es fundamental que el agua esté correctamente tratada para reducir el riesgo de infecciones y garantizar un entorno seguro para los bañistas”, concluyen.