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La IA, la primera revolución tecnológica que se puede aprovechar desde el propio puesto de trabajo

Los empleos más expuestos a la inteligencia artificial son los que más han crecido en España desde 2022, según Fedea y BBVA Research. Sin embargo, los profesionales de más edad siguen siendo los que menos la utilizan.

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Madrid |

La IA, la primera revolución tecnológica que se puede aprovechar desde el propio puesto de trabajo | EVOLVE

La inteligencia artificial está cambiando el trabajo en España, pero no de la forma que muchos temían. El último Observatorio Trimestral del Mercado de Trabajo de Fedea y BBVA Research concluye que, desde 2022, las ocupaciones más expuestas a la IA han creado empleo por encima de la media, y su peso se mantiene en algo más del 30% del empleo total.

El informe, que analiza la exposición de las ocupaciones españolas a la IA generativa, llega en plena conversación sobre el futuro del trabajo. Y lo hace con un mensaje menos alarmista de lo habitual: por ahora, los datos no muestran que los empleos más expuestos a esta tecnología estén evolucionando peor que el resto.

Estar expuesto no es perder el trabajo

La palabra "exposición" suena a amenaza, pero en estos estudios significa algo más concreto: que la IA puede realizar o apoyar una parte de las tareas de un puesto, no que el puesto vaya a desaparecer. La Organización Internacional del Trabajo calculó en 2025 que una cuarta parte del empleo mundial está en ocupaciones potencialmente expuestas, y llegó a una conclusión parecida: lo más probable es que la IA generativa transforme los trabajos, no que los elimine.

Los datos españoles apuntan en esa dirección. Según Fedea y BBVA Research, entre quienes se incorporan al mercado laboral, las ocupaciones más expuestas tienen además menos temporalidad y menos subempleo, es decir, menos personas trabajando menos horas de las que quisieran. Desde BBVA Research sostienen que el impacto puede ser claramente positivo, porque la IA permite automatizar las tareas de menor valor y liberar tiempo para otras con más valor.

Los autores, eso sí, piden prudencia: todavía es pronto para sacar conclusiones definitivas.

Esta vez, la tecnología llega a la oficina

Lo que distingue a esta ola tecnológica de las anteriores es a quién afecta. Según el mismo informe, más del 40% de los ocupados con estudios superiores trabaja en puestos muy expuestos a la IA, frente al 15% de quienes tienen la ESO o menos. Las ocupaciones administrativas y financieras están entre las más afectadas, y por territorios, Madrid supera el 40% del empleo en este tipo de puestos.

Durante décadas, la automatización llegó primero a las líneas de producción. Esta vez llega a los informes, las hojas de cálculo y los correos. Y con una diferencia que suele pasarse por alto: el trabajador industrial no podía llevarse la máquina a casa para aprender a manejarla, y dependía de que su empresa le formara. Hoy, la herramienta está al alcance de cualquiera. Es lo que destaca Josef Brocki, fundador y CEO de Evolve, en este artículo: «Ahora es completamente distinto. La herramienta que va a cambiar tu trabajo la tienes en el mismo ordenador en el que trabajas».

Por primera vez, quien se ve afectado por una tecnología puede empezar a entenderla por su cuenta, desde su propio puesto y con sus propias tareas.

Para empezar, no hace falta volver a la universidad

El problema es que no todo el mundo la está aprovechando por igual. Según la última encuesta del INE sobre uso de tecnologías en los hogares, la IA generativa la ha usado el 75,6% de los jóvenes de 16 a 24 años, pero solo el 32,6% de las personas de entre 45 y 54. En el ámbito laboral, en esa misma franja de edad, apenas un 19,7% la usa por motivos profesionales.

La paradoja es que la exposición no depende tanto de la edad como del tipo de trabajo. El informe de Fedea y BBVA Research sitúa la mayor concentración en la franja de 25 a 34 años, con cerca del 35% de los ocupados en puestos muy expuestos, pero buena parte de los profesionales con más años de carrera trabaja también en oficinas, en puestos administrativos, financieros o de gestión.

Parte de esa distancia en el uso tiene que ver con una idea muy extendida: que ponerse al día exige parar, matricularse en algo y empezar desde cero. Con estas herramientas no funciona así, y la experiencia puede ser una ventaja más que un freno. Quien lleva años en un puesto sabe cómo tiene que quedar un trabajo, qué va a preguntar el cliente y dónde suelen estar los errores. Justo lo que hace falta para comprobar lo que produce la máquina. Como resume Brocki, «la IA puede darte un borrador en segundos, pero saber si ese borrador vale o no, eso lo pones tú».

Las empresas, ante una oportunidad

Las ganas de aprender existen. Un estudio de eDreams ODIGEO realizado entre 9.000 adultos de siete países concluye que el 73% de los trabajadores españoles valora positivamente que su empresa le facilite herramientas y cursos de IA, solo por detrás de Portugal.

Para las compañías, esos profesionales con experiencia son un activo difícil de sustituir. Conocen los procesos por dentro y saben dónde tiene sentido aplicar la IA y dónde no. Si se les da tiempo y espacio para probar estas herramientas en su trabajo diario, la adopción puede ser más rápida y más útil que con cualquier despliegue impuesto desde arriba. Además, serán ellos quienes acompañen a los que se incorporen en los próximos años.

Por dónde empezar

El primer paso no requiere grandes decisiones. Basta con elegir una tarea que se repita cada semana, como un informe, un resumen o la respuesta a dudas frecuentes, y probar a hacerla con IA. En pocos días se ve dónde ayuda y dónde no. Si después se quiere ir más allá, lo razonable es buscar una formación compatible con el trabajo y que parta de lo que cada uno ya sabe hacer.

Siempre con sentido común: usando las herramientas que permita cada empresa y sin introducir datos confidenciales de clientes o de la compañía.

La tecnología que está transformando el trabajo de oficina ya no está lejos. Está en el mismo ordenador en el que se trabaja cada día.