MAXITORO

Carta de Maximino Pérez a la afición de Cuenca

Maximino Pérez hace balance de sus 27 años al frente de la Feria de San Julián y agradece a la afición de Cuenca su apoyo. En una carta abierta a los abonados, el empresario recuerda cómo en 1999 asumió la gestión de la feria, entonces con poco más de 400 abonados, y cómo ha crecido hasta superar los 5.000

Onda Cero Cuenca

CUENCA |

CARTA ABIERTA DE MAXIMINO PÉREZ A LA AFICIÓN DE CUENCA | MAXITORO

Queridos abonados, queridos amigos:

Han pasado ya unos días desde que se cerraron las puertas de nuestra plaza después de una Feria de San Julián que difícilmente podré olvidar. Y necesitaba dejar pasar un poco de tiempo antes de escribiros. Necesitaba ordenar los recuerdos, las emociones y, sobre todo, encontrar las palabras para deciros algo que quizá durante tantos años no os he dicho suficientemente: gracias.

Gracias por esta feria. Gracias por vuestro cariño. Gracias por cada ovación que he sentido como propia, por cada brindis, por cada abrazo, por cada mirada y por cada mensaje. Pero, sobre todo, gracias por estos 27 años caminando juntos.

Cuando llegué a Cuenca en 1999 tenía una ilusión enorme y muchos sueños. La Feria de San Julián apenas superaba entonces los cuatrocientos abonados. Yo veía aquella plaza y estaba convencido de que Cuenca podía tener una de las grandes ferias de España. Muchos pensarían que era una locura. Quizá lo era. Pero vosotros creísteis. Y poco a poco aquella locura se hizo realidad.

Fuimos creciendo juntos. Llegaron los grandes carteles, las tardes históricas, los llenos, los toros inolvidables, las faenas que todavía permanecen en nuestra memoria. Llegaron José Tomás, Morante, El Juli, Perera, Ponce, Roca Rey y tantas figuras; llegaron Capacitado, Carcelero y tantas tardes que ya forman parte de la historia de esta plaza. Llegaron también las alternativas, los regresos imposibles, los indultos, las puertas grandes y hasta aquellos días en los que regalábamos coches porque siempre he pensado que ir a los toros tenía que ser

mucho más que sentarse durante dos horas en un tendido. Y llegó algo todavía más importante: vosotros.

De aquellos poco más de cuatrocientos abonados pasamos a ser miles. Más de cinco mil personas esperando cada agosto a San Julián. Familias enteras. Padres que trajeron a sus hijos y aquellos hijos que hoy vienen con los suyos. Jóvenes que han hecho de esta plaza su plaza. Aficionados que llevan décadas ocupando la misma localidad y que, sin saberlo, se han convertido en parte de mi propia vida.

Por eso siempre he dicho que la Feria de San Julián no es de Maximino Pérez ni de MaxiToro. La Feria de San Julián es de Cuenca y de sus abonados.

Este año todo ha sido diferente para mí. La vida me puso delante en abril una corrida que nunca habría elegido. Me diagnosticaron ELA. Desde entonces estoy aprendiendo a mirar muchas cosas de otra manera. También a valorar mucho más aquello que quizá, cuando creemos que tenemos todo el tiempo del mundo, damos por supuesto. Y esta Feria de San Julián me ha hecho comprender una de ellas.

No sabía cuánto me queríais. Lo he sentido en cada rincón de Cuenca. Lo sentí al recibir el Premio Ciudad de Cuenca, intentando contener una emoción que aquella tarde pudo conmigo. Lo he sentido durante la feria, con los brindis de los toreros, con el cariño de los profesionales y, especialmente, mirando hacia los tendidos y encontrándome con vosotros.

He pasado buena parte de mi vida intentando darle cosas a Cuenca. Este año ha sido Cuenca la que me lo ha dado todo a mí. Y no sabéis cuánto significa.

Porque detrás de los carteles, de los números, de los contratos, de las discusiones, de los triunfos y de los errores, hay una

vida. Mi vida. Y cuando miro hacia atrás descubro que una parte enorme de ella está escrita en esa plaza de toros.

Veintisiete años dan para mucho. Para acertar y para equivocarse. Para celebrar éxitos y pasar noches sin dormir. Para arriesgar cuando nadie lo veía claro. Para pelear por un torero, por una ganadería, por una fecha o por conseguir que el abono siguiera siendo accesible. Siempre he intentado hacerlo con una obsesión: que Cuenca tuviera la feria que merece.

Si alguna vez acerté, el mérito fue de todos. Si alguna vez me equivoqué, os pido que sepáis perdonarme. Pero de una cosa podéis estar seguros: nunca hice nada sin pensar que estaba defendiendo lo mejor para San Julián.

Hoy miro aquella feria de 1999 y miro la que acabamos de vivir en 2026 y me cuesta creer todo lo que hemos construido. La llaman la Champions del Toreo. Y claro que me siento orgulloso. Muchísimo. Pero mi mayor orgullo no son los nombres que han pasado por sus carteles ni las tardes históricas que hemos vivido. Mi mayor orgullo sois vosotros. Haber conseguido que más de cuatro mil personas sientan que ser abonado de Cuenca significa pertenecer a algo.

Eso no se compra. Eso no se improvisa. Eso se construye durante muchos años. Y lo hemos construido juntos.

Ahora mis hijos continúan caminando a mi lado y asumiendo cada vez más responsabilidades. Los veo trabajar, discutir carteles, pensar promociones, preocuparse por la plaza y escuchar al abonado, y siento tranquilidad. Porque comprendo que aquello que comenzó hace 27 años ya es mucho más grande que una persona.

Mientras tenga fuerzas, seguiré estando aquí. Pensando en Cuenca. Soñando con el próximo San Julián. Porque quien me

conoce sabe que nunca he sabido rendirme y no voy a aprender ahora.

Pero después de esta feria necesitaba detenerme un instante y deciros algo que durante tantos años quizá quedó escondido detrás de la vorágine de cada agosto:

Gracias por haberme permitido cumplir el sueño de mi vida.

Gracias por convertir aquella pequeña feria que encontré en 1999 en una de las grandes ferias de España.

Gracias por vuestra fidelidad cuando acertamos y por vuestra exigencia cuando nos equivocamos.

Gracias por llenar esta plaza.

Gracias por traer a vuestros hijos.

Gracias por hacer vuestra la Champions.

Gracias por querer a mi familia.

Y, especialmente este año, gracias por quererme a mí.

No sé qué nos tendrá preparado la vida. Nadie lo sabe. Pero sí sé una cosa: pase lo que pase, cuando piense en los años más felices y más intensos de mi trayectoria, siempre aparecerá el mismo nombre: Cuenca.

Y cuando piense en quién hizo posible todo aquello, apareceréis vosotros. Mis abonados. Mi gente.

Con todo mi cariño y mi gratitud,

Maximino Pérez

MaxiToro