FÚTBOL | OPINIÓN

Las caras

La UD Las Palmas empata en casa y sigue sin salir del bache

David Ojeda | Aleix Valero

Canarias |

Por Román Pérez González,

Dos meses después de competición no puedes salir como en Ipurúa. Dos meses después de competición no puedes jugar la segunda parte de Girona y que no pase nada. Dos meses después no puedes por tercera vez jugar la primera parte que la UD perpetró ante el Valladolid y eso que empezó ganando gracias a un buen -y único disparo en todo el primer acto- de Valentín Pezzolesi. Se acumulan las actuaciones indignas; “los tramos indignos”, dirán los optimistas.

Todavía se está por ver qué podemos esperar de la UD de De la Barrera, nada bueno, creo, ya estas alturas. Después de dos meses. Las lesiones no pueden ser un asidero continuo al que agarrarse, con el que excusarse. Ningún jugador está feliz en el campo; las caras son siempre de angustia, de drama, de final de campeonato cuando estamos en octubre.

Caras de reproche, de fastidio, de mal pase, de “tenías que llegar tú”, caras de estar sobrepasados, caras de ¿adónde coño va Bonfanti?, otra vez. Caras de “escapamos locos”, caras de “no llegamos a la presión”, caras de “¿el cambio soy yo?”. Demasiado pronto para todo esto, pero es lo que tenemos. Dos errores básicos de Bonfanti el primero y de Kirian el segundo pusieron el partido cuesta arriba, pero si no es Juana es la hermana; hace no tanto fue Herzog, la semana pasada el invento de Enzo o el error de Caro en salida que destruyó el partido en Montilivi, el caso es que de los últimos seis partidos de ocho disputados la UD ha sumado tres en uno de ellos, ante el Cádiz, y ya suma cuatro seguidos sin ganar con dos empates en casa seguidos.

La última victoria en el Gran Canaria fue en la jornada uno, con el gol milagroso de Sandro. Se puede creer que todo es fruto de la mala fortuna o se puede creer que este andar conduce a la nada o peor, al precipicio. Lo que es seguro es que ya se suceden los días nefastos, y sí, hoy se sumó, y la de Elías fue clara y pudo salir bien, pero la primera parte fue tétrica, de esas actuaciones que dejan casi sentenciado al entrenador porque el equipo careció de rumbo absolutamente: desde lo individual, claro, pero también desde lo colectivo.

Solo los pibes dieron la cara, más allá de los goles, son los únicos por los que podemos suspirar tranquilos, pero ellos por sí solos son un grano de arena, los últimos en el eslabón, aunque su rendimiento vaya por un lado y su peso en el grupo por otro. En ataque hay jugadores absolutamente desaparecidos y el entrenador no consigue la fórmula para darles continuidad: primero fue Fuster, luego Miyashiro y ya van dos partidos seguidos en que el desactivado es Iván Jaime; sin fluidez en el centro de campo -Kirian -Enzo este año no están engarzando como solían, y se nota-, arriba Jesé – Jefté, quien juegue, es casi siempre un islote perdido, la esperanza de un remate suelto y poco más.

Y atrás, el drama, con la irrupción fabulosa de Pezzolesi, de resto es un dolor de muelas: Andrés Rodríguez jugó y fue intrascendente, Álex Suárez, con sus problemas habituales para sacar el balón, y Bonfanti, que sale a tres cuatro faltas absurdas por partido, que arriesga demasiado, que juega como si fuera mucho mejor de lo que es. No hay motivos para sonreír, la verdad. Se empató y gracias.