SALSEO EN EL MUSEO

Napoleón, antigüedades y un museo en Mallorca: la historia del Cardenal Despuig y su colección

Aina Ferrero recupera en ‘Salseo en el Museo’ la figura del Cardenal Despuig, el mallorquín que quiso traer desde Roma una colección de esculturas y antigüedades para crear un museo en Mallorca y que incluso tuvo que enfrentarse a una fragata francesa en plena época napoleónica.

Redacción | Elka Dimitrova

Mallorca |

¿Qué tienen en común Roma, un cardenal mallorquín, una colección de antigüedades, un bergantín, Napoleón y una historia de falsificaciones? Todo cabe en una de las historias menos conocidas de los museos de Mallorca. Aina Ferrero ha recuperado en una nueva entrega de ‘Salseo en el Museo’ de ‘Más de Uno Mallorca’ la figura del Cardenal Despuig, un personaje del siglo XVIII que quiso convertir su posesión de Raixa en una gran villa de inspiración romana y, sobre todo, en un espacio donde mostrar al público su colección.

La museóloga, profesora de Cultura Visual de la UIB y directora del Museu del Calçat i de la Indústria d’Inca explica que Antoni Despuig y Dameto hizo carrera eclesiástica en Roma hasta convertirse en cardenal, precisamente en un momento en el que la arqueología vivía un auténtico auge. Las excavaciones sacaban a la luz esculturas y objetos de la antigüedad y Despuig comenzó a coleccionarlos, llegando incluso a promover sus propias excavaciones en Aricia, cerca de Roma.

“Cosas raras de poco dinero para hermosearle”

Despuig tenía claro lo que quería hacer con su colección: llevarla a Mallorca. Y tenía también el lugar perfecto, la posesión familiar de Raixa, en Bunyola, que quería transformar siguiendo el modelo de las grandes villas que había conocido en Roma, con jardines, esculturas, antigüedades y biblioteca.

Pero todavía necesitaba completar la colección. La documentación conservada permite conocer incluso las instrucciones que daba a sus familiares. “Es menester que me busques cosas raras de poco dinero para hermosearle”, escribió a su sobrino.

“Esta idea de sin complejos y con una visión en plan ‘I have a dream’, de quiero hacer un museo en Mallorca, me parece maravilloso”, destaca Ferrero en los micrófonos de Onda Cero, en una nueva entrega de "Salseo en el Museo" que escuchamos los viernes en el programa 'Más de uno Mallorca'.

Un barco, una colección y una fragata francesa

La historia se vuelve todavía más cinematográfica en 1798. Las piezas fueron embarcadas rumbo a Mallorca en un bergantín. En la bodega viajaban mármoles, estatuas, bustos, frisos e inscripciones antiguas, además de tres escultores contratados por Despuig para trabajar posteriormente en Raixa.

El problema llegó en mitad del Mediterráneo. Una fragata francesa interceptó el barco en plena agitación napoleónica, después de la ocupación de Roma. Durante semanas no estuvo claro si la embarcación podría continuar su viaje o si la colección acabaría confiscada. Finalmente, tras diversas gestiones, las piezas pudieron continuar hasta Mallorca.

Un museo para todos… pero con alguna excepción

Despuig quería que su colección tuviera una dimensión pública. Sin embargo, también tenía muy claro que no todo podía estar a la vista de cualquiera. Según explica Ferrero, dejó escrito que una parte de las obras estuviera expuesta para todo el mundo, mientras que las piezas que pudieran considerarse de mayor “indecencia” debían permanecer en otra habitación reservada a estudiosos o estudiantes de Bellas Artes.

Una decisión que permite a Ferrero abrir uno de los debates más actuales de la museología: quién decide qué puede ver el público y qué debe ocultarse. “No olvidemos que él es Cardenal, él es religioso”, apunta la museóloga, que recuerda que ya entonces aparecía esa tensión entre abrir las colecciones al público y establecer límites sobre lo que podía mostrarse.

Una colección que acabó dispersándose

El Cardenal Despuig murió sin ver terminado su proyecto. Con el paso del tiempo, sus descendientes comenzaron a desmembrar la colección y algunas piezas estuvieron a punto de acabar subastadas en París. En 1911, una iniciativa popular consiguió salvar una parte importante de ese legado y el Ayuntamiento de Palma adquirió las piezas que iban a salir a subasta en la casa Drouot.

Hoy, explica Ferrero, parte de esa colección puede contemplarse en el Castell de Bellver, mientras que Raixa —adquirida conjuntamente por las instituciones públicas a finales de 2001 o principios de 2002— tiene actualmente un uso público como centro cultural y de visitantes en plena Serra de Tramuntana.

Y queda todavía una última curiosidad: muchas de aquellas piezas que hoy consideraríamos falsificaciones o restauraciones inaceptables respondían entonces a una concepción diferente de la Antigüedad. Si a una escultura le faltaban brazos, se añadían; si faltaba una figura en una escena mitológica, se podía crear o comprar otra para completar el conjunto. “Para ellos era reconstruir la obra, era reconstruir la idea”, explica Ferrero. Una concepción muy diferente de la restauración actual, en la que cualquier intervención debe quedar claramente identificada.

La historia del Cardenal Despuig deja así una pregunta abierta sobre el patrimonio de Mallorca: ¿hasta qué punto conocemos y hemos puesto en valor a quienes contribuyeron a construir nuestra cultura museística? Para Aina Ferrero, siempre estamos a tiempo de recuperar estas figuras y recordar que Despuig fue, en el siglo XVIII, uno de los primeros impulsores de una colección privada concebida también con vocación pública.