Marta Sevilla: “Lo que más rabia me da es cuando enseñas el problema y eligen no verlo”
La joven mallorquina Marta Sevilla quedó en silla de ruedas por una infección que cambió su vida de la noche a la mañana. Hoy es un ejemplo de superación que lucha por un mundo más accesible y adaptado. Su testimonio en Onda Cero es un toque de atención a las administraciones públicas.
Marta Sevilla tiene 26 años, trabaja, entrena, conduce y sigue reclamando una vida normal en una silla de ruedas que cambió su día a día hace un año, tras una enfermedad que le dejó una parálisis casi total. Su testimonio, entre la superación personal y la denuncia de las barreras cotidianas, pone el foco en una realidad incómoda: la accesibilidad sigue siendo una asignatura pendiente.
“Te toca y no avisa”, resume Marta sobre una historia que comenzó hace tres años, cuando una infección por herpes desencadenó una parálisis del cuerpo entero. “Pasas de preocuparte por la universidad, las amigas o el trabajo a no saber si vas a volver a moverte”, cuenta, recordando unos meses de incertidumbre en los que la familia tampoco tenía respuestas claras.
Aun así, Marta logró terminar su carrera, viajar a Bruselas para cerrar sus estudios y reconstruir su vida paso a paso. “Tuve que viajar estando mal, con todos los problemas, pero al final pude hacerlo”, explica con la serenidad de quien ha aprendido a convivir con una realidad que no eligió.
Hoy su rutina está marcada por el trabajo, el gimnasio y la autonomía. “Después del trabajo me voy directa al gimnasio”, dice con naturalidad, orgullosa de una disciplina que la llevó incluso a competir en Hyrox. En su empresa, asegura, ha encontrado apoyo real: “Me compraron un andador para poder ponerme de pie y hacer mis estiramientos. Se agradece muchísimo”.
Pero si algo define su discurso es la defensa de la accesibilidad como derecho básico. “Lo que más rabia me da es cuando, por poner un ejemplo, solo a un ayuntamiento le estás enseñando cuál es el problema y elige no verlo”, denuncia. En el puerto de Pollença, donde vive, asegura que la movilidad sigue siendo una carrera de obstáculos: “Solo hay una calle llana; el resto no está adaptado. Estamos en un 5%”.
Marta describe una realidad que obliga a muchas personas con movilidad reducida a circular por la calzada o a depender siempre de otra persona. “No es agradable para nadie, y menos para una persona en silla de ruedas”, señala. También recuerda que la espera para conseguir el certificado de discapacidad se alargó más de un año, tiempo durante el cual seguir trabajando o moverse con normalidad era casi imposible.
Las dificultades no acaban en la calle. El transporte público, dice, sigue fallando por rampas que no funcionan, autobuses llenos y esperas interminables. “Te encuentras de todo”, resume con ironía. Por eso insiste en que la clave no es solo técnica, sino humana: “La base es la empatía. Hay que hablar con personas que estén en esa situación, entenderlas de verdad”.
A través de su cuenta de Instagram, Marta se ha convertido en una voz visible sobre accesibilidad, discapacidad y vida cotidiana. Allí denuncia barreras, pero también reconoce a quienes sí ayudan. “Estoy rodeada de gente muy buena, y eso hace que tenga fe en la humanidad”, afirma.
Su historia no busca compasión, sino conciencia. “No puede ser que no puedas ir a comprar el pan tú sola cuando te dé la gana”, dice. Y en esa frase cabe todo: autonomía, dignidad y una reivindicación que va mucho más allá de una silla de ruedas. ¿Harán las administraciones algo más después de conocer testimonios como el suyo? Ésta es la pregunta que hoy nos hacemos en Onda Cero, después de oír su testimonio en el programa 'Más de uno Mallorca'.