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Encarna de las Heras: "Una sociedad que no puede imaginar lo que no ve es una sociedad que no va a avanzar".

La actriz, narradora y cuentacuentos Encarna de las Heras ha reivindicado el valor de la narración oral como herramienta para recuperar la capacidad de escuchar, imaginar y comunicarse en una sociedad cada vez más dominada por las pantallas.

Agustín Prades

Illes Balears |

Encarna de las Heras: «Una sociedad que no puede imaginar lo que no ve es una sociedad que no va a avanzar»

La actriz y narradora reivindica el poder de los cuentos, la imaginación y la comunicación humana en una entrevista en Más de Uno Ibiza y Formentera

La actriz, narradora y cuentacuentos Encarna de las Heras ha reivindicado el valor de la narración oral como herramienta para recuperar la capacidad de escuchar, imaginar y comunicarse en una sociedad cada vez más dominada por las pantallas. Durante una extensa conversación en Más de Uno Ibiza y Formentera, De las Heras repasó su trayectoria personal y profesional, desde su infancia en Albacete hasta su llegada al teatro y su posterior dedicación a los cuentos.

«Sobre todo, me considero narradora», explicó la artista, que vincula buena parte de su trabajo a algo que considera esencial: la comunicación entre los seres humanos. Para De las Heras, contar historias no consiste únicamente en entretener, sino también en investigar sobre las personas y crear un espacio de comunicación entre quien cuenta y quien escucha.

Uno de los asuntos que más preocupa a la narradora es el cambio que ha observado en los niños durante las últimas décadas. Asegura que actualmente percibe una importante pérdida de atención, pero considera todavía más preocupante la dependencia de los estímulos visuales. «Como su principal vehículo es lo visual, no tienen capacidad de imaginar», afirmó durante la entrevista.

De las Heras lanzó en este sentido una reflexión especialmente contundente: «Una sociedad que no puede imaginar lo que no ve es una sociedad que no va a avanzar». A su juicio, cualquier transformación comienza precisamente cuando alguien es capaz de imaginar algo que todavía no existe. Por ello considera grave que las nuevas generaciones puedan perder progresivamente esa capacidad como consecuencia de una exposición constante a imágenes y contenidos ya construidos.

Su relación con el teatro comenzó muy pronto. En el colegio recibió formación en literatura, música y teatro, y posteriormente, durante el instituto, formó junto a varios compañeros un grupo teatral que representó obras como Melocotón en almíbar, de Miguel Mihura, sainetes de Arniches y El hotelito, de Antonio Gala. Aquellas representaciones llegaron incluso a convertirse en una pequeña gira por pueblos de la provincia, actuando sobre remolques instalados en las plazas.

También recuerda especialmente a algunos profesores que marcaron su vocación. Uno de ellos fue Jesús José, profesor de Latín y Griego, quien después de verla actuar le aseguró que tenía condiciones para dedicarse al teatro y le recomendó que no lo abandonara. Otro fue José Carrasco, profesor que interrumpía las clases para leer poesía y que, según recuerda De las Heras, fue introduciendo «gotita a gotita» en sus alumnos el amor por la literatura.

Su vocación acabaría llevándola a Madrid, donde se formó en La Cuarta Pared. Para una joven llegada desde Albacete, aquella ciudad supuso descubrir un universo completamente nuevo de teatros, museos, cultura y posibilidades. De aquella etapa conserva incluso una imagen difícil de olvidar: encontrarse caminando por Lavapiés con Lola Flores, de quien recuerda, antes incluso de reconocerla, «el resplandor» que desprendía.

La narración oral llegó posteriormente. Después de trabajar con compañías teatrales, De las Heras descubrió que contar cuentos le permitía desarrollar su profesión de una manera más autónoma y compatible con otras facetas de su vida. Comenzó buscando historias en bibliotecas y leyendo recopilaciones de cuentos tradicionales de distintos países. La tradición oral continúa siendo una de sus principales fuentes de inspiración.

La artista también reflexionó sobre la autoría y la transmisión de las historias. Considera necesario reconocer el trabajo de los autores para que puedan vivir de su creación, aunque recuerda que buena parte de los relatos tradicionales pertenecen a una cadena cultural que se ha transmitido y transformado durante generaciones. Para De las Heras, el narrador recibe una historia, la hace suya y vuelve a ponerla en circulación.

Otro elemento fundamental en su personalidad es el humor. De las Heras reconoce que fue una adolescente tímida y que encontró precisamente en el humor una forma de enfrentarse a las dificultades. «El humor me ha salvado a mí», afirmó, reivindicando especialmente el humor ácido, irónico e incluso iconoclasta como instrumento para cuestionar aquello que damos por sentado.

Su trayectoria ha estado marcada también por la curiosidad, la naturaleza, la literatura y la búsqueda permanente de nuevas formas de comunicación. De hecho, uno de sus primeros recuerdos infantiles está relacionado con un olor: siendo muy pequeña bajó de un coche en Peñascosa, en la sierra de Albacete, y percibió la mezcla del olor de un rebaño de ovejas y de la leña. Aquella sensación quedó grabada para siempre y anticipó una relación con el mundo rural que continúa manteniendo.

Una vida construida, en definitiva, alrededor de las palabras y de las historias. Historias que, para Encarna de las Heras, siguen teniendo pleno sentido en el siglo XXI porque obligan a realizar algo cada vez menos habitual: detenerse, escuchar y construir con la imaginación aquello que nadie nos está mostrando en una pantalla.