La llegada del inodoro
Hoy damos por hecho que en cada casa haya un váter, pero ni mucho menos es algo que sea realidad desde hace mucho tiempo. Hasta 1934 no fue obligatorio que las viviendas que se construían en Gijón tuviesen WC.
La historia de Gijón con los retretes es muy reciente. A finales del s.XIX empezamos a verlo en la ciudad. Ni 150 años. Y como todo, empezó por instaurarse en las casas más adineradas para ir extendiéndose. Hasta ese momento de tener el váter en casa, habría diferentes fórmulas para deshacerse de las deposiciones. Desde el "agua va" a los pozos negros, la recolección para utilizarlas como abono en el campo o las letrinas romanas, que fueron los primeros en buscar una solución a un problema. Porque una ciudad sería del todo insalubre si no se gestionasen esos residuos humanos.
La clave, nos explica el historiador Héctor Blanco, es la invención del inodoro. Porque las redes de saneamiento que empezaron a implantarse en el s.XIX son importantes, pero la clave es ese inodoro, el artilugio que permitió poder ir al baño en casa sin que generase olores. Las primeras patentes de inodoro se vieron a finales del s.XVIII, la época de Gaspar Melchor de Jovellanos. Pero no fue hasta un siglo más tarde, en 1880, cuando el inodoro se parecía a lo que hoy conocemos. No sería comercializado hasta la segunda mitad del s.XX.
Antes de conocer el contexto histórico que nos cuenta Héctor, hemos jugado con los niños del Honesto Batalón. Creían que poder ir al water como lo hacen ellos hoy en día era de tiempos romanos, aunque tampoco le veían problema a hacer sus necesidades en el suelo y cubrirlo con tierra. Más reparo tienen en compartir baño, como se hizo durante mucho tiempo en las casas o en las ciudadelas obreras.
Aquí todos tenemos inodoro. Pero queremos recordar que somos unos privilegiados. El 40 por ciento de la población mundial no tiene acceso al mismo.