A su sucesor le recomienda "tener los ojos bien abiertos", porque el arte es la vida y el museo debe reflejarla. Ella reconoce que cuando accedió a la dirección del museo, 11 años después de su inauguración, recibió un equipamiento "ya hecho". Entiende que su legado ha sido actualizar el museo y "abrirlo a la sociedad".
Lydia nos cuenta que cree en el fomento de la cultura, y se lleva muchos momentos buenos y muchas imágenes. El barjola ha sido, sin duda, su segunda casa. En todo este tiempo Lydia quiere pensar que la sociedad ha aprendido a entender y amar el arte contemporáneo, aunque, reconoce, nos queda mucho camino por delante. Destaca eso sí que ha crecido el turismo cultural, visitantes que buscan museos que ver.
Ella se jubila como directora, pero no como espectadora. Seguirá visitando muchos museos, el Barjola incluido, y ayudando en lo que pueda. Nos asegura que el entramado cultural que hay detrás de un museo es espectacular, y se lleva muchos amigos.