Incendios 2026

Clavero: "los incendios serán cada vez más virulentos, tenemos que anticiparnos a través de la prevención"

El verano de 2026 no ha sido bueno para la comunidad aragonesa en lo que respecta a incendios forestales. Desde el primer incendio en La Litera hasta del que todavía se está pendiente en Peñas de Riglos, han ardido casi 50.000 hectáreas, miles de personas han sido desalojados de sus hogares y hay que lamentar el fallecimiento del cabo de la UME Javier García.

Lourdes Funes

Zaragoza |

Miguel Ángel Clavero, director general de Interior y Emergencias del Gobierno de Aragón/Lourdes Funes

El 25 de junio comenzaba un incendio en la provincia de Huesca, en La Litera, fue el primero de una serie de fuegos que no han dado descanso en la comunidad aragonesa. En torno a 50.000 hectáreas se calcula que han ardido en el que ha sido el peor verano de incendios en Aragón. Al de La Litera con más de 4.500 hectáreas afectadas, de origen agrícola y con los más de 200 vecinos evacuados, le sucedieron el de Leciñena con más de 3.300 hectáreas quemadas, afectando a la sierra de Alcubierre.

Las fuertes rachas de viento, la baja humedad y las altas temperaturas que se registraron desde finales de mayo fueron causa y dificultad para sofocar rápidamente el fuego. “Durante todo el verano, y seguimos estando, en una situación de riesgo extremo por los incendios forestales. Altas temperaturas prácticamente desde mediados de mayo y ausencia de lluvias desde prácticamente principios de junio. Esto hace un cóctel que nos ha llevado a que la vegetación esté en una disposición para arder muy elevada y es lo que ocurría”, explica Miguel Ángel Clavero, director general de Interior y Emergencias del Gobierno de Aragón.

“Las emergencias están cambiando”, asegura Clavero, “como lo hace el clima y la percepción que la sociedad tiene de las emergencias”. Los grandes incendios vividos en Aragón este verano también están enseñando a los profesionales “estamos aprendiendo que hay determinadas pautas meteorológicas que se están repitiendo en los últimos años. Adelanto de las altas temperaturas, de la ausencia de precipitaciones y otro factor que ha variado es la ausencia de las labores tradicionales que se hacían en el mundo rural con los aprovechamientos de leña y los pastoreos”, aspectos que están haciendo que cada vez haya más biomasa que puede provocar incendios “más virulentos, con más energía y, por tanto, más peligrosos”. Explica el director general de Emergencias, quien añade que es “en lo que tenemos que trabajar para el futuro para tener una mayor anticipación”.

En esa anticipación a lo que pueda suceder en un futuro, desde el Gobierno de Aragón se sigue trabajando en las “redes de cortafuegos o de compartimentación del territorio para que los incendios no se hagan excesivamente grandes”, además de priorizar la seguridad de las personas y de las poblaciones a través de los anillos perimetrales de protección que se van a comenzar a trazar en otoño.

Los dos mayores incendios de Aragón

Todos los elementos se dieron cita también en el incendio que se declaró el 15 de julio en Orés, desalojando hasta 700 vecinos de seis localidades (Orés, Asín, Luesia, Malpica de Arba, Uncastillo y Petilla de Aragón) y arrasando en torno a 16.000 hectáreas en los seis días que tardó en controlarse, alcanzando los 60 kilómetros de perímetro. Hasta el declarado en agosto en Peñas de Riglos, había sido uno de los incendios más graves y complejos que se había registrado en Aragón en los últimos años. En todos estos fuegos, como indica Miguel Ángel Clavero, ha sido esencial la coordinación y colaboración de todos los efectivos implicados en la extinción de los incendios.

Al igual que ha sucedido en el que ya se ha calificado como el gran incendio de Aragón de los últimos años, el que comenzó el 10 de agosto en las Peñas de Riglos. Casi 1.500 personas desalojadas de sus casas de las localidades de Binacua, Atarés, Ena, Centenero, Botaya, Santa Cruz de la Serós, Villalangua, Salinas de Jaca, Santa María de la Peña, Bailo, Arbués, Alastuey, Osia, Anzánigo, Triste, Yeste, La Peña Estación, Bernués y Larués. En este incendio hubo que lamentar el fallecimiento del cabo de la UME, Javier García, en un accidente de tráfico mientras participaba en las labores de extinción.

Un incendio que llegó a amenazar el Monasterio Viejo de San Juan de la Peña, lo que obligó a trasladar varios bienes patrimoniales, como los restos de los primeros reyes y diversas obras de arte, además de la réplica del Santo Grial, al Museo de Huesca.

La provincia de Teruel no se ha librado de los incendios de este verano, el primero tuvo lugar el 12 de julio en Peñarroya de Tastavins y, ocho días después, otro en Ejulve donde también hubo que desalojar varias localidades como Molinos, La Cañadilla y Cirujeda,