Hay silencios que hablan, y silencios que se echan de menos. En una Zaragoza acostumbrada al fragor del tambor, existe un rincón en el barrio del boterón, en el histórico monasterio de la Resurrección de las Canonesas Regulares del Santo Sepulcro, donde el tiempo parece detenerse cada Sábado Santo. Es allí donde reside la Cofradía del Santo Sepulcro, una de las instituciones con más solera y antigüedad de nuestra ciudad. Sin embargo, para muchos zaragozanos (especialmente para los más jóvenes), esta cofradía es casi un misterio por descubrir. Y es que ha pasado más de una década desde la última vez que la vimos con la imagen del Cristo Yacente recorriendo nuestras calles. Nueve años de espera que terminan este 2026.