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Macu Armisén analiza el cambio de Zaragoza y su sociedad a través de su familia

“La corriente que nos lleva. Crónica de una familia, Zaragoza 1885-1922” es el título de la crónica con la que la escritora aragonesa Macu Armisén ha querido contar cómo se transformó una ciudad. A través de los diarios de su bisabuelo fue tirando del hilo hasta analizar las causas del cambio de una ciudad y una sociedad.

Lourdes Funes

Zaragoza |

La escritora zaragozana Macu Armisén/Lourdes Funes

Una persona, una familia puede ser el mejor testigo de la evolución de un lugar o de una sociedad. A través de sus vivencias se puede comprobar cambios que en el momento pueden parecer intrascendentales, pero que con la perspectiva que da el tiempo, se comprueba cómo fue el comienzo de algo grande. Es lo que se percibe en “La corriente que nos lleva. Crónica de una familia, Zaragoza 1885-1922”. Una crónica que la escritora aragonesa Macu Armisén ha construido a través de la mirada de su bisabuelo Felipe.

Una aventura que comienza con el hallazgo casual de unos documentos que el bisabuelo de Macu Armisén había escrito durante la epidemia de cólera, mientras era médico en pequeñas localidades como Carenas y Castejón de las Armas. “Dejó por escrito todos los tratamientos que había intentado para salvar a sus enfermos, también sus preocupaciones, sus desahogos. Cómo pide consejo a su maestro, don Santiago Ramón y Cajal, que le había dado clases en 1876 y 1877. Me pareció que aquel documento era una joya”, explica la autora.

En aquella época Zaragoza estaba inmersa en un momento de cambio, de evolución. Como explica Macu Armisén, la epidemia de cólera de 1885 hizo que “se avanzara hacia unas mejores infraestructuras, comenzó a haber agua corriente, luz eléctrica, teléfono, el transporte público, y todo eso le hizo avanzar, además de la industrialización y otra serie de factores. Zaragoza es una ciudad que sabe reinventarse a sí misma”. Además, se partía de una sociedad en la que ya había dificultares, por ejemplo, en el ámbito de la Educación donde el 75% de los españoles era analfabetos.

En “La corriente que nos lleva. Crónica de una familia, Zaragoza 1885-1922” se viaja a través de la crónica escrita, pero también a través de las fotografías que trasladan al oyente a esa ciudad en la que las calles eran de barro y había boñigueros, cuando los caballos tiraban de los carruajes y no había agua corriente. Una sociedad en la que los profesores no cobraban y los parques públicos se pagaban por suscripción popular. “Es necesario hacer un reconocimiento a todas esas personas que empujaron para que la sociedad mejorara, y de alguna manera no pensar que somos el centro del universo, sino que somos una corriente que viene de lejos y que nos lleva, y sobre todo que tenemos que transmitir también a nuestros hijos, y a nuestros nietos, nuestro conocimiento”, asegura Armisén.