Entrevista en Onda Cero

De Nueva York a Rota: la historia de James Bem, el neoyorquino que encontró en Cádiz su lugar en el mundo

Nació en Nueva York, recorrió el mundo como DJ, conoció a una española en Ibiza y llegó a Andalucía. Casi veinte años después, James Bem ha hecho de Rota su casa y representa como pocos ese mestizaje cotidiano entre Estados Unidos y España que forma parte de la identidad de la localidad.

Jaime Álvarez

Rota |

Estados Unidos y España llevan décadas demostrando que pueden quererse mucho y discutir todavía más. Nos ponemos de acuerdo para compartir una base naval, pero después somos capaces de abrir un conflicto diplomático por cuestiones mucho más delicadas: si un desayuno necesita huevos con bacon o basta con una tostada con aceite y tomate, si la tortilla debe llevar cebolla o quién puede presumir de hacer la mejor pizza. En Rota, sin embargo, esas diferencias llevan más de setenta años aprendiendo a convivir, y pocas historias representan mejor ese mestizaje que la de James Bem.

Nació en Nueva York y creció en una ciudad donde prácticamente todo funciona a cualquier hora. Durante años recorrió el mundo como DJ, viajando en avión, alojándose en hoteles y viviendo una realidad que parecía tener poco que ver con Andalucía. Hasta que Ibiza cambió el guion. Allí conoció a una española. “Encontré a una mujer increíble y cambió mi vida”, recuerda. Vivieron durante un tiempo en Nueva York, pero terminaron tomando la decisión de regresar a España. Y lo hicieron, además, con una precisión casi cómica: en plena crisis económica.

James pasó entonces de viajar en clase Business y alojarse en hoteles de cinco estrellas a recoger aceitunas del suelo. “Fue un gran cambio”, admite entre risas. Un cambio de continente, de trabajo, de ritmo y casi de identidad, pero también el comienzo de otra vida. La adaptación no fue inmediata. Para alguien nacido en Nueva York, uno de los mayores choques culturales no llegó de la política ni de las grandes diferencias sociales, sino de algo aparentemente mucho más sencillo: los horarios. Acostumbrado a una ciudad de 24 horas, descubrir que una tienda podía cerrar al mediodía le resultaba incomprensible. “¿Estamos cerrados? ¿A mediodía?”, recuerda haber pensado. España funcionaba a otro ritmo.

Rota, además, tenía el suyo propio. Cuando llegó a la localidad encontró algo que enseguida le llamó la atención: allí escuchar inglés por la calle no sorprendía a nadie. Las familias mixtas, los apellidos norteamericanos y españoles y la convivencia entre ambas comunidades formaban parte del paisaje habitual. James descubrió una ciudad donde Estados Unidos no era una realidad lejana, sino el vecino. Cuenta que sigue reuniéndose con militares estadounidenses retirados que se quedaron a vivir en Rota después de formar aquí sus familias. Café, desayuno, alguna cerveza y conversaciones entre personas que, como él, acabaron viviendo entre dos mundos. Porque James también lleva ya casi veinte años aquí.

Y si existe algo que simboliza bien esa mezcla cultural, probablemente sea la comida. La hostelería, en realidad, siempre había estado cerca de él. Su familia llegó a tener una decena de restaurantes cuando era joven y recuerda estar rodeado de masas y pizzas desde que tenía apenas cuatro años. De esa historia familiar terminaría naciendo Slice of New York, su proyecto de pizza neoyorquina.

Abrir una pizzería en Rota, eso sí, podía parecer una temeridad, porque Rota ya tenía su propia cultura de la pizza. Cuando comenzó a buscar un local, alguien se lo advirtió: había decenas de pizzerías en una localidad de poco más de 30.000 habitantes. James pidió probar las mejores y, después, decidió que había sitio para una más. No porque quisiera competir con la pizza roteña, sino precisamente porque su propuesta era diferente. Rota tenía su estilo, Nueva York tenía otro y ambos podían convivir.

Con los años, esa convivencia terminó creciendo hasta convertirse incluso en un festival de la pizza donde coinciden recetas italianas, estilos neoyorquinos y distintas formas de entender este plato dentro de la propia localidad. “Celebramos todas las diferencias y todas las cosas que tenemos en común”, explica. La frase parece hablar de pizza, pero también podría estar hablando de Rota.

Porque esa mezcla cultural está presente en toda su historia reciente. James lo entiende especialmente bien cuando habla de Estados Unidos. Le incomoda que se reduzca un país enorme a una única imagen construida a través de las noticias. “Hay gente que piensa una cosa y gente que piensa otra, pero eso no significa que todo el mundo sea igual”. Nueva York, explica, no tiene nada que ver con otros lugares del interior del país. Estados Unidos es un melting pot, una mezcla de culturas, costumbres, formas de pensar y maneras de vivir. Y quizá Rota tenga también algo de eso: una pequeña ciudad gaditana que lleva décadas acostumbrada a mezclar acentos.

A veces, esa mezcla puede resumirse incluso en una pizza. James recuerda cómo, poco después de abrir su negocio, una pareja estadounidense destinada en la Base entró y pidió dos pizzas. El fin de semana siguiente regresó a por cuatro. Tiempo después volvieron con amigos y encargaron muchas más. James terminó preguntándoles adónde iban con tantas pizzas. La respuesta estaba en el sabor. Aquello les recordaba a casa. Una receta podía recorrer miles de kilómetros sin moverse de Rota.

Pero vivir en España también ha cambiado la manera de cocinar de James. En Estados Unidos, explica, existe cierta tendencia a pensar que más ingredientes significan necesariamente algo mejor: más salsa, más queso, más cosas. España le enseñó lo contrario. “Si tienes buena materia prima, muchas veces menos es mejor”. Y la gran responsable de esa lección fue su suegra. James estaba acostumbrado a la frittata estadounidense, con cebolla, pimientos, champiñones, tomate y otros ingredientes, hasta que probó una tortilla hecha con patatas, buenos huevos y aceite de oliva. “Uff, no hay nada mejor que eso”.

La integración, por tanto, parece bastante avanzada, aunque quedan algunos conflictos sin resolver. La pizza de Chicago, por ejemplo. Para James, aquello “no es realmente una pizza”. “Es un pastel de tomate con queso”, bromea, y asegura que podría discutir sobre ello hasta el fin del mundo. Cuando llega el momento de elegir entre una pizza de Nueva York y una tortilla de patatas, sin embargo, se niega a entrar en guerra: “Los dos, obviamente”.

Quizá esa respuesta sea la que mejor resume su propia historia. Porque James Bem tampoco eligió entre Nueva York y Rota, ni entre Estados Unidos y España. Fue sumando. Nueva York, Ibiza, el campo sevillano, la hostelería, una familia española, casi veinte años en Cádiz y una vida construida a miles de kilómetros del lugar donde nació.

DJ, temporero, empresario, padre, neoyorquino y, después de tanto tiempo, también un poco roteño. Después de haber recorrido medio mundo, James acabó encontrando su sitio en una pequeña localidad donde escuchar inglés por la calle no sorprende a nadie. Una ciudad que lleva más de setenta años demostrando que dos culturas no tienen por qué elegir entre una cosa y la otra. A veces pueden quedarse con las dos.