Cada 25 de abril, Adra deja de mirar al mar para volver la vista a su tierra. La festividad de San Marcos no es solo una fecha en el calendario; es el latido de una tradición que desde el siglo XVIII une a los abderitanos en una celebración de identidad, esfuerzo y gratitud. Declarada de Interés Turístico de Andalucía, esta fiesta transforma la ciudad en un estallido de color y devoción. El aroma a incienso se mezcla con el olor del pan recién hecho de sus famosas rosquillas bendecidas, un símbolo de generosidad que pasa de mano en mano entre miles de vecinos y visitantes.
El momento cumbre llega con la estación: San Marcos, patrón de los agricultores y ganaderos, sale a la calle para bendecir las cosechas. A su paso, el estruendo de los cohetes y el elegante trote de más de un centenar de caballos anuncian que la Vega está de fiesta. Entre carrozas engalanadas, volantes de flamenca y el fervor de su Hermandad, Adra renueva cada año su promesa con el Santo Evangelista, demostrando que sus raíces son tan profundas como la fe de su gente.