En las elecciones generales, obtener votos no garantiza conseguir representación en el Congreso de los Diputados. Es cierto que la ley electoral (LOREG), en su artículo 163, establece una barrera mínima del 3% de los votos válidos emitidos en cada circunscripción, refiriéndose como válidos a los votos en blanco (nunca los nulos) y que las candidaturas que no alcanzan ese porcentaje quedan excluidas del reparto de escaños, aunque hayan reunido miles de papeletas.
Sin embargo, la verdadera llave para la consecución o no de un escaño en la Cámara Baja no es únicamente esta barrera del 3%, sino el tamaño de las provincias. Llegar al 3% no garantiza automáticamente un escaño, ya que, en las provincias que reparten pocos diputados, la competencia es mayor y una candidatura puede necesitar un porcentaje bastante superior para lograr representación.
Este porcentaje no se calcula sobre el conjunto de los votos nacionales, sino provincia por provincia, lo que significa que un partido puede superar el 3% en una circunscripción y quedar fuera en otra. Por lo tanto, sus votos no se suman para alcanzar el umbral en todo el país. Por ejemplo, si en una provincia se emiten 100.000 votos válidos, una candidatura necesitaría al menos 3.000 para entrar en el reparto de escaños. Y si obtiene 2.900, sus votos cuentan en el resultado final, pero no para la asignación de diputados.
Pero los datos de comicios anteriores demuestran que la barrera apenas tiene efecto práctico, ya que Madrid y Barcelona serían las únicas circunscripciones en las que se aplicaría. En el resto, el sistema D'Hondt exige porcentajes mucho más elevados para conseguir representación. En 2023, un escaño costó cerca del 22% de los votos en Ávila, Zamora o Segovia, el 29% en Soria y el 49% en Melilla.
Según estos datos, la barrera del 3% solo modificó el resultado de las elecciones en dos ocasiones de las últimas 16 citas electorales:
El CDS obtuvo 93.347 votos (2,99%) y se quedó a 437 papeletas de entrar en el reparto de escaños. Sin contabilizar los 30.554 votos en blanco de la circunscripción, habría alcanzado el 3,02% y habría conseguido un escaño que finalmente fue para el PSOE.
Front Republicà logró el 2,7% de los votos y, sin la barrera electoral, habría arrebatado por solo 109 votos el último escaño a En Comú Podem.
Los resultados de las elecciones de 2023 muestran que lo que realmente deja fuera a los partidos no es este 3%, sino la dimensión de las circunscripciones. En esas elecciones no cambió ningún escaño. Hubo 1,93 millones de votos (el 7,8% de los válidos) para candidaturas que no sacaron escaño en su provincia.
De ellos, solo 518.000 estaban por debajo del 3%. El resto superó la barrera, pero no logró representación: Sumar perdió así 605.000 votos y Vox, 493.000. La clave, por tanto, no está únicamente en superar el umbral del 3%, sino en conseguir suficientes votos allí donde se reparten los escaños.