Así es Jorge Azcón, candidato del PP en las elecciones de Aragón: objetivo, la reelección
La prueba de fuego del pragmatismo: Jorge Azcón se juega su modelo de gestión en las urnas tras una legislatura de obras, tensión con Vox y la sombra de la España vaciada.
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Madrid |
En el discurso público de Jorge Azcón, Aragón suele aparecer dividido en dos batallas prioritarias: los municipios marcados en rojo por la despoblación y los proyectos verdes de energía renovable.
El popular es un político de gestión, forjado en la alcaldía de Zaragoza, que ha convertido la lucha contra la despoblación y la atracción de inversiones en el relato único de su legislatura.
De la Zaragoza post-Expo a la Aljafería: la construcción de un liderazgo
Azcón no es un político de trifulca televisiva. Su trayectoria es la de un cuadro técnico del Partido Popular que ascendió por gestión y paciencia. Licenciado en Derecho y con un máster en Urbanismo, Azcón se afilió a las Nuevas Generaciones del PP mientras cursaba sus estudios en la Universidad de Zaragoza, llegando a ser presidente provincial y regional y miembro de los Comités Ejecutivos Regional y Provincial.
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Tras estrenarse en la política municipal como concejal de Juventud del Ayuntamiento de Zaragoza y pasar brevemente por la empresa privada, su salto a la primera línea llegó en 2019, cuando arrebató la alcaldía de Zaragoza al PSOE encabezado por Pilar Alegría, con el apoyo de Ciudadanos, pese a ser la socialista la lista más votada en aquellos comicios. Su mandato en la capital, marcado por la pandemia, se centró en reactivar las cuentas municipales y ejecutar obras públicas paralizadas, un sello que después trasladaría al gobierno autonómico.
En diciembre de 2021 es elegido presidente del Partido Popular en Aragón y un año después, confirma su candidatura a la presidencia de Aragón y renuncia a la reelección como alcalde.
Su elección como candidato a la Presidencia de Aragón en 2023 respondió a una lógica de proyección natural y eficacia electoral. Azcón representaba el perfil de presidente-gerente, capaz de atraer el voto urbano de Zaragoza y conectar con el mundo rural desde un discurso de pragmatismo y obra tangible. Ganó esas elecciones sin mayoría absoluta, pero con la fuerza suficiente para formar un gobierno en coalición con Vox, un ejercicio de equilibrios que ha marcado su mandato.
Estilo Azcón: pragmatismo, cercanía y el arte de lo posible
Quienes lo tratan destacan su capacidad para escuchar sin perder el rumbo y un talante menos ideológico que de soluciones. "No es un predicador, es un fontanero de la política", definió un editorial de El Heraldo de Aragón. Prefiere las entrevistas con medios locales a los grandes debates nacionales, y suele recorrer los pueblos con una agenda en la que anota demandas concretas: "Una fibra óptica aquí, un arreglo en el consultorio allí".
Este estilo, sin embargo, esconde una astucia política fina. Supo capitalizar el desgaste del socialista Javier Lambán y ha manejado con frialdad táctica la compleja relación con Vox, cediendo en simbología ("Plan de concordia" en memoria histórica) pero manteniendo el control en políticas económicas y sociales.
Balance y heridas de una legislatura
Sus partidarios enumeran logros en clave económica: la rebaja fiscal, la apuesta por el hidrógeno verde como proyecto país, y el impulso al Corredor Central de ferrocarril. También destacan las medidas frente a la despoblación, que concentra incentivos fiscales y administrativos para atraer habitantes y que ha hecho que se recupere levemente el balance de población en la comunidad.
Sus críticos, señalan sombras: la tensión permanente con el Gobierno de Sánchez por la financiación autonómica y el trasvase del Ebro, la polémica derogación de la ley de lenguas propias (que despertó malestar en la Franja y entre sectores culturales), y una cierta ralentización en la ejecución de fondos europeos para la transición justa.
La gran paradoja de su mandato, apuntan analistas, es que un presidente elegido para desatascar Aragón y ha tenido que emplear buena parte de su energía en gestionar la gobernabilidad con un socio difícil y en combates jurídicos con el Estado.
El horizonte de 2026: la reelección como consolidación
Azcón llega a estas elecciones como clarísimo favorito en las encuestas. Su apuesta es presentar la votación como un plebiscito entre continuidad y retroceso, entre la "gestión sensata" y la "incertidumbre". Sabe que su electorado valora, por encima de las banderas ideológicas, la percepción de administración competente.
El reto será movilizar a ese voto de aprobación en un contexto de posible fatiga política y de desafección en el mundo rural, que no termina de ver revertida la sangría demográfica. Su campaña, previsiblemente, evitará los fuegos artificiales y se centrará en recordar obras, inversiones y la bajada de impuestos, con él mismo como garante de una comunidad que, insiste, "ha vuelto a sonar en los despachos donde se decide la inversión".
En definitiva, Jorge Azcón encarna un modelo de conservadurismo moderno, autonómico y práctico. Su posible reelección el 8 de febrero no solo consolidaría el cambio político en Aragón, sino que afianzaría un patrón de líder del PP alejado del ruido nacional, anclado en lo local y en los resultados.