ALCARAZ

El día que Alcaraz regaló un Aston Martin y su padre le respondió con una frase que lo marcó

Una de las historias más reveladoras de esa relación con sus raíces tiene como protagonista a su padre.

Samuel de la Fuente

Madrid |

El día que Alcaraz regaló un Aston Martin y su padre le respondió con una frase que lo marcó | EuropaPress

El magnetismo de Alcaraz trasciende lo puramente deportivo. Mark Hodgkinson, en su libro Being Carlos Alcaraz, lo retrata como un fenómeno global capaz de enganchar tanto por su estilo agresivo y creativo en la pista como por su carisma natural fuera de ella. Esa mezcla de frescura y ambición lo ha convertido en un referente mundial a una edad en la que otros aún están buscando su lugar.

La proyección económica del tenista es igual de deslumbrante que su tenis. Los cálculos apuntan a unos ingresos anuales de 31,5 millones de libras, lo que lo coloca a la cabeza del circuito en cuanto a rentabilidad mediática. Patrocinadores, torneos y marcas se disputan su imagen porque combina juventud, éxito y una sonrisa que vende por sí sola.

Sin embargo, detrás de esos números aparece un joven con pasiones comunes. Su afición por las zapatillas exclusivas es conocida, invierte miles de euros en modelos de edición limitada, pero siempre lo comparte con sus padres, como si quisiera mantener vivo ese control familiar que le recuerda que, pese a todo, sigue siendo Carlitos.

El Aston Martin que nunca se estrenó

Una de las historias más reveladoras de esa relación con sus raíces tiene como protagonista a su padre. En un gesto de cariño, Alcaraz decidió regalarle un Aston Martin, coche que el progenitor había mencionado durante años como un sueño pendiente. Pero la respuesta no fue la que esperaba. Alfredo Sarria, amigo cercano de la familia, cuenta que "el padre de Carlitos siempre decía que si en el futuro tenía dinero se compraría un Aston Martin".

Sin embargo, al recibirlo, no dudó en frenar la euforia con una pregunta directa. "¿Cuándo voy a conducir este coche?".

Lejos de convertirse en el capricho familiar, el vehículo permanece aparcado, símbolo de un lujo que en su pueblo se mira con recelo. De hecho, Sarria reconoce que la familia sopesa desprenderse de él. "Carlos no quiere que Carlitos gaste dinero en estas cosas. Quizás vendan el coche pronto porque no lo van a usar".

Mirando al futuro sin perder el norte

El propio Alcaraz ha confesado que le gustaría tener algún día un Lamborghini, pero matiza que será "cuando sea mayor".