mundial de Fórmula 1

Norris y Verstappen se lo juegan todo en el gran casino de Las Vegas

¡No va más!, dicen en los casinos... Y así puede ocurrir si se da la combinación por la que apuesta Mc Laren para que su piloto gane el mundial: Que Norris gane el próximo Gran Premio y Verstappen, como mucho, quede tercero.

Beltrán Jarillo

Madrid |

Lando Norris en el GP de Australia | Getty

Norris llega líder al circuito americano, su compañero Piastri sigue dispuesto a lo que sea y Verstappen al borde de perderlo todo. Hagan juego, señoras y señores porque la batalla por el título de Fórmula 1 entra en territorio de neón y ruleta rusa.

Mc Laren... en su mejor momento de los últimos tiempos

Y es que Lando Norris aterriza en Las Vegas con ventaja suficiente para mandar al tricampeón Max Verstappen al desierto… y sin agua. Porque McLaren vive su mejor momento del año con Oscar Piastri encadenando victorias, mientras Red Bull encara un escenario tan complejo como una configuración aerodinámica mal ajustada.

En plena recta final del campeonato, Las Vegas se convierte en el circuito donde puede decidirse media historia de la temporada… o donde puede enterrarse la otra media. Lando Norris lidera el Mundial con una ventaja que, si se amplía mínimamente, podría dejar a Max Verstappen sin opciones matemáticas de pelear el título en las últimas dos citas del calendario.

Esta vez, Red Bull no tiene las mejores cartas

Si Verstappen sale de Nevada con 49 puntos de desventaja o más, el tetracampeón queda eliminado de la lucha por el título.

Y eso significa que el neerlandés no puede permitirse perder 9 puntos o más respecto a Norris. Ni uno. Si el británico gana y Verstappen es tercero o peor… adiós. Si Norris es segundo y Verstappen sexto o más atrás… lo mismo. No hay margen de error en esta partida en la que Red Bull no tiene las mejores cartas. Pero hay que jugarla y el holandés es especialista en saber jugar al filo de la bancarrota. En esta apuesta se la juegan, porque no hay contra volante que salve el trompo.

Mientras tanto, McLaren vive un momento que no veía desde los tiempos dorados de Woking. Norris encadena tres victorias consecutivas y se ha convertido en un martillo silencioso que golpea cada fin de semana sin pestañear. El británico, más maduro y constante, parece haber encontrado ese punto de calma que diferencia a un buen piloto de un campeón en potencia.

El contraste con Red Bull es evidente: el equipo que parecía invencible a principios de año ahora mira de reojo, con Verstappen buscando soluciones y ajustes como quien revisa un monoplaza que empieza a vibrar en plena recta. No es pánico, porque en Red Bull no se entra en pánico, pero sí un toque de aviso: o reaccionan ya, o el Mundial se les marchará entre los dedos como un trompo sobre asfalto frío.

Las Vegas, con su espectáculo nocturno, será juez y parte. Si McLaren afina la puesta a punto y Verstappen vuelve a tener un fin de semana gris, el título puede quedar prácticamente sentenciado antes de llegar a Qatar y Abu Dabi, las dos últimas estaciones del campeonato.

Verstappen puede estar ante su última gran apuesta

Porque Qatar ofrece un perfil totalmente distinto: un trazado fluido, rápido y exigente en apoyo, que en teoría debería favorecer a McLaren. Pero el año pasado la liaron en clasificación y Norris cargó con una penalización polémica que les hundió el fin de semana. Aun así, Ferrari tiene opciones de colarse en la fiesta, porque sus problemas en curvas rápidas vienen más por los cambios bruscos de dirección que por la velocidad pura, y Losail apenas castiga ese punto débil.

Abu Dabi cierra el triplete con un circuito donde la eficiencia aerodinámica separa a los grandes de los aspirantes. Antes parecía terreno ideal para McLaren, pero el desarrollo reciente de Red Bull ha apretado muchísimo la cosa. Ferrari también puede meterse como tercer invitado incómodo, aunque Yas Marina sigue siendo tan poco amigo de los adelantamientos como Mónaco, por lo que la posición en pista lo es prácticamente todo.

Lo único seguro es que el glamour de la ciudad de Las Vegas no tapará el drama deportivo: para Verstappen, este Gran Premio no es una carrera más. Es, literalmente, la primera de tres bolas de partido.