España enamora con goles y estrellas
La victoria ante Austria clasifica a la selección española para los octavos de final y devuelve a los aficionados la ilusión, la confianza y el orgullo por la forma de conseguirlo.
Este equipo se ha ido cociendo a fuego lento, desde el decepcionante empate inaugural ante Cabo Verde hasta rozar la perfección ayer en Los Ángeles. Apareció, de nuevo, la España que gana por aplastamiento, que asfixia a su rival en su propio campo, que presiona, recupera, combina y pisa el área contraria con insistencia y con el instinto de quien sabe que logrará el gol por pura probabilidad estadística. Llegan tanto y con tanto peligro, que algún balón acabará entrando. En este caso fueron tres.
Había margen de mejora, pero el punto de partida era bueno: líderes de grupo sin encajar goles en tres partidos. Se revolvieron contra Arabia Saudí y resistieron ante Uruguay. Y, como si nos hubieran preparado para este momento, en la fase en la que ya no se perdonan los tropiezos, la selección estrenó su mejor obra ante los austriacos. El país de Mozart y Schubert, el mismo que acogió el talento innato de Beethoven, tuvo sitio en la primera fila para la actuación suprema y afinada que dirigió Luis de la Fuente.
Mismo equipo que ante Arabia, el hambre de Lamine y la leyeda de Unai Simón
Casualidad o no, el equipo fue el mismo que frente a Arabia, con Pedro Porro en el lateral derecho, por detrás de Lamine Yamal, y con Dani Olmo completando el triángulo del centro del campo, junto a Rodri y Pedri. Todos mejoraron su mejor versión de los tres partidos anteriores. El equipo brilló porque brillaron todos. La elegancia, contundencia y rapidez de Cubarsí y Laporte atrás; la rapidez, el recorrido ofensivo y la presencia de los dos dos laterales, Porro y Cucurella -el primero marcó y el segundo también, aunque se lo anularon-; el dominio de Rodri y Pedri y la soltura y la habilidad de Olmo para moverse entre líneas; la inteligencia de Baena, el atrevimiento de Lamine y el exquisito toque de Oyarzabal, que remató con la precisión de un cirujano cada uno de sus dos goles, ambos con el interior, cada uno con un pie diferente.
Y por si fuera poco, Unai Simón se convirtió en una leyenda. Alcanzó los 518 minutos sin encajar y firma la mayor racha de imbatibilidad de un portero en toda la historia de la Copa del Mundo. Y casi pide perdón por ello, porque dijo después que tampoco había tenido mucho trabajo en estos partidos, que el mérito era de sus compañeros. Así son los capitanes de esta selección, que lideran desde el ejemplo y la discreción. Como Oyarzabal, que empieza a escalar posiciones en esa clasificación de goleadores históricos que encabezan Villa, Torres y Raúl.
Sólo Lamine pareció irse contento a medias, porque no consiguió marcar, pero eso también dice cosas buenas de nuestra joven estrella. Tiene amor propio y quiere llegar, algún día, al mismo cielo en el que conviven Messi, Cristiano o Mbappé, y que antes pisaron Zidane, Ronaldo, Maradona o Pelé. Da la sensación de que Lamine pretende trascender, aunque quizás aún no lo sepa. Y precisamente en Los Ángeles, el Hollywood que adora a las estrellas lo eligió a él como mejor jugador del partido. Porque Lamine tiene el talento y el glamour suficiente que exigen en esta ciudad para formar parte del Paseo de las estrellas. Todavía le falta un punto más, pero tiene que estar satisfecho de cumplir con creces el plan de recuperación. Ha ido claramente de menos a más en este Mundial y verlo regatear, desbordar e intentarlo constantemente nos devuelve la ilusión de que puede alcanzar su mejor nivel durante el campeonato. Y este grupo es tan sano y tan solidario, que entiende bien por qué Lamine atrae el foco principal, mientras ellos brillan en un segundo plano, donde más cómodos se sienten.
Beethoven estrenó su Quinta Sinfonía en el Teatro an der Wien de Viena en 1808, para emoción de los austriacos, que vivieron el estreno de su obra más revolucionaria. No somos tan presuntuosos como para ponerlo a esa altura, pero ayer Austria vivió en el estadio de Los Ángeles el estreno de una gran obra de la España de De la Fuente en un Mundial. Ojalá componga alguna más y en Dallas, ante Portugal, vuelvan a encontrar la inspiración.