El chupinazo de Merino clasifica a España y jubila a Cristiano
El jugador navarro celebra San Fermín atándose el pañuelo rojo al cuello, tras marcar el gol que clasifica a la selección para los cuartos de final del Mundial y elimina a Portugal.
Mikel Merino vuelve a vestirse de héroe y España avanza a cuartos: así lo vivimos en Radioestadio
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Cuando todo el estadio de Dallas se preparaba para la prórroga en el Portugal-España, Mikel Merino decidió desatar la locura de un país entero con una definición impecable por el único hueco que dejó libre el portero portugués, Diogo Costa. La jugada la protagonizaron dos futbolistas que habían salido en la segunda parte y que se entendieron con una mirada, un leve movimiento, un desmarque de Merino a la espalda de la defensa lusa que confió en la calidad de Ferran para imaginar un pase milimétrico. La asistencia perfecta y la ejecución magnifica, con la zurda, de un futbolista fundamental y diferencial.
A Luis de la Fuente hay que reconocerle la confianza en Merino y a Merino la confianza en sí mismo. Hace meses, el 25 de enero de este año, en un partido del Arsenal contra el Manchester United, sufrió una fractura por estrés en el pie derecho, una lesión muy extraña que los especialistas no habían tratado nunca. En el momento en el que le dieron un plazo de recuperación, se marcó una meta: llegar a tiempo al Mundial. Para ello contó con la complicidad del seleccionador, que le tranquilizó y, a la vez, le motivó para la recuperación. “Te voy a esperar”, le dijo entonces. Merino reapareció un 24 de mayo y entró en la lista definitiva. Necesitaba minutos, necesitaba rodaje y De la Fuente se lo dio. Minutos importantes en todos los partidos y titularidad ante Uruguay. Escuchó alguna crítica, salió del equipo por Olmo, pero eso no frenó ni su confianza ni la de su entrenador.
A De la Fuente se le ha cuestionado, esencialmente, si había arriesgado mucho en una convocatoria con tanto jugador ‘tocado’. No sólo por Merino, quizás con menos ritmo pero recuperado al fin y al cabo; pero sí por las limitaciones físicas de Lamine, Nico Williams y Víctor Muñoz. Y hasta ayer en Dallas se le criticó que prescindiera de Olmo en la segunda parte. Pero el técnico, muy firme en sus convicciones, siempre ha defendido, con hechos y con palabras, el peso de un jugador como Merino, que ya metió a España en las semifinales de la última Eurocopa con un gol decisivo.
Adiós a la mala racha en Mundiales y Unai Simón sigue invicto
Ayer, después de que Pamplona celebrase el inicio de las fiestas de San Fermín, un navarro lanzó su propio ‘chupinazo’ en Dallas, y al final del partido sacó su pañuelo rojo de la mochila y se lo ató al cuello. La camiseta la llevaba puesta, porque España jugó ayer de blanco, como si todo estuviera preparado. Mikel Merino le devolvió a De la Fuente toda esa confianza con un tanto histórico que rompe una mala racha, la de no llegar a cuartos de una Copa del Mundo, que se alargaba desde Sudáfrica 2010. Por eso el capitán, Rodri, puso en valor y reivindicó la figura del navarro.
La fuerza del grupo. La de Unai Simón, que sigue imbatido en los primeros cinco partidos, en parte por la escolta de Porro, Cubarsí, Laporte y Cucurella, otra vez magníficos todos atrás. Ante Portugal resurgió el mejor Rodrigo, el Balón de Oro, que animó el juego de Olmo y de Pedri, que tiene aún margen para crecer. El descubrimiento de Baena, con el que muchos no contaban tras un año irregular en el Atleti, es otro mérito del seleccionador. Como Oyarzabal, trabajador y decisivo también cuando no marca. O Lamine, que forzó a Nuno Mendes hasta el límite, quién sabe si hasta la lesión del portugués, que vino tras una de esas arrancadas en espacios reducidos de la estrella española. Sumó Merino como Fabián, como Ferran. Y hasta debutó Borja Iglesias, en el último minuto del partido.
Y enfrente dijo adiós Cristiano Ronaldo, que ha marcado a una generación entera y que ha estirado su carrera hasta donde muchos no imaginaron. Temíamos que nos jubilara, como Zidane en 2006, pero esta vez España no falló. La vinculación de Ronaldo con nuestro país, por su etapa en el Real Madrid, por su familia, por sus negocios, por sus amigos, cerró el círculo de participaciones en la Copa del Mundo en un duelo ibérico y el respeto de todos sus rivales. La dimensión de Cristiano no se explica sólo con goles y eso que suma casi mil en su carrera. Su entrega absoluta por un deporte, su sacrificio constante por superarse, por dejar huella, su amor propio por reinventarse. Todo eso le ha llevado hasta aquí. Tuvo el detalle de explicarse y despedirse en castellano y se le agradece, especialmente en un momento duro como el de ayer en Dallas.
España viaja hoy a Los Ángeles, donde jugará contra Bélgica el próximo viernes, con la tranquilidad de que Donald Trump ya no intervendrá en ninguna decisión más de la FIFA ni llamará a Infantino para que suspenda la sanción de ningún futbolista porque su selección, Estados Unidos, está ya eliminada. Se entiende que no lo hará salvo que la injerencia sirva para favorecer a alguno de sus países aliados, si es que le queda alguno compitiendo en este Mundial. En esa lista, España sería seguro la última prioridad de Trump, así que es mejor encomendarse a Mikel Merino que al actual presidente de los Estados Unidos de América.